Don Gustavo Bazaldúa, un artista de lo cotidiano
TEXTO: FELIPE RODRÍGUEZ
FOTOS: HÉCTOR GARCÍA
Donde menos se espera. En calles o rincones de Saltillo donde se transita a diario o, por el contrario, en sitios tan poco frecuentados que podrían considerarse espacios invisibles, habitan saltillenses de excepción.
Se trata de personas como don Gustavo Bazaldúa, un escultor que desde hace más de tres décadas sirve a su comunidad restaurando todo tipo de figuras de materiales diversos.
Las hábiles manos de piel rugosa de don Gustavo y su exquisito sentido de la belleza convierten en auténticas obras de un artista las piezas que son talladas en piedra o en madera sobre la mesa de trabajo de su taller.
No menos importante, en la época de fin de año, de diciembre a febrero, don Gustavo repara y retoca las tradicionales figuras del Niño Dios que son el centro de los festejos de las familias en Navidad, Año Nuevo y la Candelaria.
En su taller ubicado en la céntrica calle de Bravo -por donde Agustín Jaime, bajaba, bajaba a caballo- también pueden encontrarse variados moldes y piñatas, figuras que en manos de don Gustavo Bazaldúa, más que artesanías se erigen en obras de arte. ¿Artesano o artista?
Don Gustavo Bazaldúa trabaja con todo tipo de materiales: barro, madera, papel... de todos saca su esencia y les da una nueva vida.