Pedro Sánchez, resiste 254 días tras dos investiduras fallidas

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Pedro Sánchez, resiste 254 días tras dos investiduras fallidas

Pedro Sánchez consiguió su objetivo y se queda en el Palacio de La Moncloa después de 254 días de bloqueo político provocando dos investiduras fallidas.

Tardó 254 días -los que lleva en funciones desde las elecciones de abril- y le cuesta caro, con un Gobierno de coalición del que antes renegaba y un acuerdo con los catalanes de ERC a pesar de sus promesas de que nunca pactaría con el independentismo.

Pero al final, Pedro Sánchez consiguió su objetivo y se queda en el Palacio de La Moncloa, tras haber sido investido por el Congreso, por un margen muy ajustado, como presidente del Gobierno.

De nuevo la resistencia, esa de la que tanto presume y con la que tituló sus memorias ("Manual de resistencia"), lo trajo hasta aquí. Aunque esta vez haya venido acompañada de todo tipo de vaivenes, con negociaciones frustradas y elecciones repetidas, y de más de una renuncia, empezando por la de gobernar en solitario.

Secretario general del Partido Socialista (PSOE) tras ganar las primarias en dos ocasiones -la primera en 2014 y la segunda en 2017 con un regreso triunfal después de dimitir por negarse a facilitar la investidura del conservador Mariano Rajoy-, Sánchez fue candidato a la jefatura del Gobierno en cuatro elecciones y el único presidente de la democracia que llega al cargo en una moción de censura.

El primer ministro interino de España, Pedro Sánchez, pronuncia un discurso en el Parlamento español en Madrid, España. Foto: AP

CARRERA FULGURANTE, COALICIÓN COMPLICADA

 

Una carrera fulgurante la de este madrileño de 47 años, que lo llevó hasta este momento en el que logra por fin, tras dos investiduras fallidas -en 2016 y el verano pasado-, que el Congreso le haga presidente por la vía ordinaria.

A lo largo del debate de investidura, Sánchez defendió no sólo su programa, también la coalición con Podemos como el Gobierno "progresista y moderado" que piden y necesitan los españoles en este momento, sino que aseguró afrontar esta nueva etapa con ilusión y "espíritu de equipo".

Y es que ahora le toca dirigir un Gobierno que será complicado por bipartidista y heterogéneo y en el que tendrá a su socio preferente y al mismo tiempo rival por la izquierda, Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos (UP), como uno de los vicepresidentes de su próximo gabinete.

Atrás quedarán esas noches de insomnio que aseguraba tendría si permitía a Podemos ocupar asientos en su Consejo de Ministros. Y atrás quedan también las promesas de no llegar a acuerdos con los independentistas.

Porque Sánchez, en realidad, no cerró nunca esa puerta, como tampoco descartaba nunca la posibilidad de ser investido con las abstenciones de la derecha, que siempre pedía pero que nunca llegaron.

REPETICIÓN DE ELECCIONES SIN ÉXITO

 

El presidente del Gobierno llega a esta meta, además, tras una repetición electoral en noviembre en la que erró en sus cálculos si pensaba que obtendría más apoyos, porque ocurrió lo contrario.

Se vio así obligado a ceder y dos días después del 10 de noviembre anunció junto a Pablo Iglesias un preacuerdo para un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos.

Y todo ocurrió en el mismo escenario en el que Sánchez vivió los momentos más importantes de su carrera política.

Es la misma sala de plenos del Congreso donde no logró ser investido en 2016, que le vio después marcharse porque se mantuvo en el "no es no" y no quiso abstenerse para investir a Mariano Rajoy.

El mismo hemiciclo en el que en 2018 se convirtió en el primer presidente de la democracia salido de una moción de censura y el mismo donde el pasado julio no consiguió la confianza de la Cámara tras saltar por los aires sus negociaciones con Iglesias.

En este mismo hemiciclo -aunque con una composición muy distinta a todas las anteriores- Pedro Sánchez fue elegido hoy presidente por 167 votos a favor, 165 en contra y 18 abstenciones.

Fue con un margen muy pequeño y con el contexto político más crispado y difícil de los últimos años, pero Pedro Sánchez ha conseguido, una vez más, resistir. Ahora le toca demostrar que puede seguir haciéndolo.