Zapatero remendón... y gritón/2
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Zapatero remendón... y gritón/2
Antonio Rodríguez “El Caifas”, era el gritón más famoso de Saltillo, aquel que en la plaza de toros de Monterrey les gritaba a los regios, aludiendo a su patrona, la Virgen del Roble y a nuestro Santo Cristo de la Capilla: “Aquí venimos a pedirles la mano de la Purísima pa’l Patrón!”. Desde luego que no había blasfemia ni irreverencia en los decires de “El Caifas”, y el público, ya fuera saltillense o regiomontano, celebraba su ingenio con enorme carcajada. Era cualidad del “gritón” convertirse en pregonero del público, de quien representaba su sentir, y éste no hubiera aprobado herejías ni ofensas en el gritón que lo representaba, mucho menos referidas a sus santos patronos.
El gritón debía tener un gran sentido del humor, un buen conocimiento del lenguaje, principalmente el coloquial y los giros populares; mucha ironía, sentido común, carácter desinhibido, gran personalidad, y sobre todo, mucho ingenio y una profunda actitud crítica.
No cualquiera podía convertirse en “gritón”. Para serlo se necesitaba, además, un profundo conocimiento de la fiesta brava para interpretarla y representar el sentir de la afición. Por ejemplo, hubo en una plaza del Perú un famoso “Gritón Bermúdez”, que durante una aburrida tarde en la que toros y toreros resultaron muy malos, gritó en una pausa de la rechifla del público: “Señor juez, a ese toro lo mato yo con un grito”.
Había políticos que le sacaban la vuelta a las corridas porque los gritones solían dedicarles alguno de sus gritos, a los que la gente llamaba “banderilla de castigo”. Dicho con sorna, el grito dirigido a los políticos era siempre una crítica que muchos temían. “El Caifas” se había convertido en una presencia legendaria e infaltable en los tendidos de la Plaza de Toros Guadalupe, que estaba en la calle de Álvarez, en donde después fue el cine Florida. Sucedió que un día, don Nazario Ortiz Garza asistió acompañado de otros políticos a una corrida en la que toreaba un matador de moda. Don Nazario había sido un buen gobernador. Durante su administración había construido, entre otros, el edificio de la Escuela Coahuila, pero era más famoso como constructor del Ateneo Fuente. Había sembrado don Nazario unos viñedos en el sur de la ciudad, por la carretera a la Narro, y sucedió que en ese tiempo Saltillo estaba sufriendo una de las más graves crisis por una terrible escasez de agua. Cuando “El Caifas” vio que don Nazario bajaba por el tendido para ocupar un palco junto al ruedo, se subió al asiento que ocupaba, cruzó los brazos muy despacio y paseó la mirada por todos lados. La plaza guardó silencio, y “El Caifas”, seguro de haber captado la atención del público, puso sus manos a manera de bocina y exclamó, en dirección a don Nazario: “¡Las uvas revientan de agua y el pueblo muere de rabia!”.
Un aplauso atronador cimbró la plaza. Era del dominio público el rumor de que el agua procedente del sur ya no bajaba hasta la ciudad porque en su camino era desviada por Ortiz Garza para regar sus viñedos. Verdad o mentira, el caso es que a los pocos días llegó el agua a todas las llaves saltillenses gracias a “El Caifas”, y a don Nazario, que procuró siempre el bienestar de los coahuilenses.
Congreso Regional de la Mujer
Familia Unida y la Pastoral familiar de la diócesis de Saltillo, llevarán a cabo este jueves y viernes próximos el Congreso de la Mujer, esta vez con el objetivo: Encontrar las herramientas para lograr una correcta búsqueda del AMOR, y con la frase de la Madre Teresa como lema: “La falta de amor es la mayor pobreza”. Los conferencistas internacionales, hombres y mujeres, son especialistas en los caminos de la felicidad, del amor y la comunicación de la pareja, el matrimonio, la teología del cuerpo y la sexualidad. ¡Anímese!