¿Y quién les dijo?

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¿Y quién les dijo?

Lo más cómico de esta época, es que los colores de repente tengan dueño. Ájale. Pues sí, parece que el rojizo es exclusivo de un partido, el azul de otro, o el amarillo, o la tríada de verde, blanco y rojo. No hay qué usarlos, dicen, cuando piden diseños. O sí, todo depende del partido que haya llegado a gobernar. Además, es una consideración mercadotécnica de fácil comprensión, solo pensemos en cómo se asocia por ejemplo el rojo con cierto tipo de refresco y ya está. Hemos entendido todo.

Los colores en manos de las mentes que operan marcas políticas o empresariales, tasados  en valor mercantil. No imagino qué harían políticos y empresarios si vieran a la luz llegar para cobrarles los derechos por hacerles el favor de caer sobre las partículas de la atmósfera, para de allí entrar a todas las cosas y hacer posible el nacimiento de los colores.

¡Que se arme la revuelta! La luz articulando un movimiento libertario. ¿Y si nos negáramos a prestar nuestras pupilas? ¿O si cerráramos los párpados ante tales cuestiones? Así de naive como los niños que se tapan los ojos cuando no quieren ver o no quieren oír. Así de fresco o de ridículo o de loco. No quiero ver, me niego. Vaya usted a entrar a las pupilas de otro.

Es que perdonen, pero tanta cosa es una agresión visual.  ¿Será necesario un ejercicio de ascetismo focalizado? ¿Por qué aceptamos tanta basura? ¿Quién les dijo que quería ver esto u aquello? No, no quiero ver en la esquina esos emblemas políticos ondeando en varias manos. No, tampoco quiero esa hamburguesa, ni ese refresco. Dejen mi vista en paz. Límpienme el horizonte por favor. Háganse a un lado.

¿Cuánto tiempo tendría qué pasar para poder volver a pensar en los colores solamente por ser los colores mismos, luego de estas campañas políticas? ¿Seguro hay quienes no se encuentran en la cadena alienante y jamás tendrán esos condicionamientos en sus cabezas. Sin embargo, a los creativos se les impele a no dejar de considerar estas cuestiones porque hay un campo de signos muy bien articulado; herencias de siglos debe ser alimentadas.

En la búsqueda por la desapropiación, pienso en la belleza de las refracciones de la luz libre de dueños. Veo el azul del cielo que tanto le gusta a la atmósfera, al blanco de las nubes que reúne todos los colores. Entonces, ¿deberían llover gotas amarillas, rojas, verdes y azules? Así va hoy esta mente que loca, disfruta un día en donde para fortuna de este desierto, el cielo azul se desborda en agua y humedece plantas y seres por igual, y penetra con su color, herencia de la luz, hasta el fondo, y resarce lo que le falta a este pedazo del mundo.

Así que por favor, quítese señor con su bandera, que aquí ondea la república del cielo azul humedecido. 

 

 claudiadesierto@gmail.com