Y la culpa no era mía

Usted está aquí

Y la culpa no era mía

Debemos de pensar en plural. Debemos racionalizar en ese sentido que el futuro es femenino. Y quizá esto, tiene una respuesta más que lógica: porque la inclusión cabal de un cincuenta por ciento o más para las posibilidades completas del mundo, es indispensable, para la subsistencia del cien por ciento dentro de él.

Hoy, en plena vorágine de violencia contra las mujeres, sólo las organizaciones feministas están dando batalla frontal en los terrenos académico, legislativo (aunque ya se suben al camino de la protección universidades públicas del país, al legislar dentro de los límites de su autonomía, lo respectivo a la igualdad de género y lo referente a los protocolos contra la violencia hacia las mujeres).

Creo que ya es hora de que el Estado deje de ofrecer respuestas pragmáticas e ineficientes, para combatir la impunidad de los crímenes y los abusos. Es necesaria una corresponsabilidad de todos los niveles de autoridad.

Según datos de la ONU, México es el país más peligroso de Latinoamérica para las mujeres, ya que seis de cada diez mexicanas han sufrido algún tipo de violencia _comencemos con la Bagdad de nuestro país: Ciudad Juárez_

En esa misma tesitura, de enero a septiembre de este año, 2 mil 833 asesinatos de mujeres se han registrado, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Para los especialistas, un feminicidio _término acuñado en parte y culpa a las muertas de Juárez_ es una ínfima parte visible de la violencia contra niñas y mujeres, sucede como la culminación de una situación caracterizada por la violación reiterada y sistemática de los derechos de las mujeres.

Parece ser que ya no hay marcha atrás y la rabia de las mujeres, crece y se manifiesta en diferentes formas que van desde marchas y protestas, hasta actos vandálicos.

Esta rabia se puede tomar desde diferentes matices, evidentemente con claroscuros, pero de lo que estoy seguro es que es un grito colectivo diverso y que ha transitado por distintas formas de lucha y que ha significado también, un cambio en las dinámicas comunicacionales y que sigue encontrando eco en vivencias compartidas.

Para Pascal Bruckner (filósofo y novelista francés), hay algo contradictorio en las feministas: los logros que consiguen no las tranquilizan, sino que aumentan su reivindicación. En su libro La tentación de la inocencia nos dice: “esa rabia es menos fruto de un retroceso que de un progreso. La mujer ha conseguido liberarse. Ya es libre. Y ese estado de individualidad y autonomía es, según el francés, angustioso, decepcionante. Realizarse pone a la mujer frente a un nuevo horizonte, tan complejo e insatisfactorio como apasionante: los hijos, el trabajo, la vida personal, la sentimentalidad…

Considero que colocarse al otro extremo y pensar que hombre y mujer son meras construcciones culturales tampoco es deseable.

El 25 de noviembre un poderoso performance llamado “un violador en tu camino” del colectivo Lastesís intervino el espacio público en Santiago de Chile y con el himno Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía…  se replicó en ciudades como México, Francia, España y Colombia provocando una onda expansiva que parece no morir.

Desde el año de 1993 hasta la Ley Olimpia, el Estado mexicano ha simulado y el ataque contra las mujeres no cede.

Ideal sería que en un futuro próximo la igualdad no nos hiciera ni iguales, ni comunes, sino compartidos. Con una situación distinta y compleja con una igualdad-distinta en donde nos enfrentemos a problemas similares y por supuesto, a condiciones de idéntico reconocimiento.