Usted está aquí
Vivir la vida (2)
Agradezco mucho, infinitamente y siempre y mucho su atención señor lector. No hay mejor paga a uno como escritor y periodista, la cual no sea un comentario de lo aquí deletreado. El texto el cual en días pasados se editó en estas generosas páginas de VANGUARDIA, “Vivir la vida”, fue ampliamente comentado. Su enfoque gustó y eso me da vida y materia suficiente para seguir el hilo discursivo donde la tesis es sencilla y complicada a la vez: si estamos vivos (al menos eso creemos), pues es necesario hacer honor de ello, vivir.
¿Usted ha tenido días duros y ríspidos como los he tenido y padecido yo? Imagino, sí. ¿Ha tenido miedo, angustia, terror nocturno, insomnio dilatado, como lo he padecido yo? Imagino sí. La vida aprieta en la ventana, pero creo, es necesario tomar las grandes decisiones en libertad y en la hora del lobo, en la hora más oscura de la noche. Tomar decisiones y no rajarse. ¿Cuánta edad tiene usted lector quien me halaga con su lectura y atención? No lo sé. Pero si su edad es juvenil, como la del joven chef Rodrigo Cárdenas (le he motejado como Rockdrigo, por su afición y apuesta al buen rock y a la cocina), usted no debe tener miedo y debe apostarlo todo a un sólo fin: vivir.
¿Usted es un hombre en el mediodía de su vida, como la edad del hidalgo saltillense, don Javier Salinas, melómano él y empresario? Pues usted tiene un solo fin: vivir. Apuéstelo todo a vivir y sentir cosas, todas las cosas e historias las cuales había dejado pendientes en su calendario. Siempre hemos dejado pendientes en nuestra vida conforme pasan los meses y los años. Pues entonces es hora y tiempo de realizar lo pospuesto. Pero ¿acaso usted es ya viejo como yo, un tipo enjuto de carnes con lentes de fondo de botella con horas extra en la tierra debido a mis intranquilos 56 años? Pues usted tiene un solo fin: vivir. Ya no tiros variados y perdidos en el concierto, sino tiros milimétricos de precisión, de aquello lo cual a usted le va placer hacer por última vez en su vida. Así se dice, no se me asuste señor lector.
¿Tiene usted miedo como yo lo tuve ya alguna vez o un par de ocasiones? Si usted es un hombre o mujer de fe, le tengo la respuesta: quítese dicho miedo. No hay miedo cuando usted tiene la promesa de Dios y el maestro Jesucristo la cual se lee en Juan 14:27: “No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. El miedo no existe si usted se entrega a Dios. Pero sin mamadas, dudas ni medias tintas. No dude señor lector.
Leyendo aquí y allá de todo, me encontré una cita de un escritor, Eduardo Galeano, el cual no es santo de mi devoción, pero si es bueno su fragmento para este tiempo negro el cual nos asiste: “Quizá sea el momento de cambiar, de soltar, de mandar todo a la mierda y volver a empezar. Quizá sea el momento de sacarle un sol a esa tormenta, de reírse sin parar, de volar sin tropezar. Quizá sea el momento de encontrarse, abrirnos los ojos y largarnos a soñar”.
ESQUINA-BAJAN
No quizá, sino ahora y hoy es momento de hacerlo. Hacer una sola cosa y sin voltear atrás: vivir. ¿Cuál es su pasión, su afición o incluso, su atavismo secreto, su vicio más retorcido el cual no ha podido explorar del todo hoy, señor lector? ¿Tiene uno o varios? Pues hágalo antes de morir. Los biógrafos de Ludwig Van Beethoven narran de su embeleso e impresión profunda cuando en un teatro a reventar, los fanáticos no dejaban de aplaudirle al sabio sordo; sólo cuando el genio volteó, pudo “oír” y sentir aquello. Henry David Thoreau tenía en el pasear, en el caminar, su más hondo placer sobre la tierra. Alfred de Musset, entregado a todos los placeres sensoriales de esta vida, dijo alguna vez de una delicia, la más grande: oír sus versos recitados por mujeres bellas, sensuales y lúbricas, entregadas en sus brazos…
Pero, para hacer todo lo anterior y otras cosas más, se necesita de una sola situación: vivir. De preferencia, a todo tren, a toda máquina, a toda madre. Haga suyo aquel aforismo despiadado y perfecto del Oficial Mayor del Congreso, el abogado Gerardo Blanco Guerra (hombre el cual es un sabio en derecho electoral y elecciones en el Norte de México): irse de la vida terrena con la vida muy raspada, las cuentas del banco vacías y ligeros de equipaje. Tal vez para no dar lástima ni pena ajenas, sólo con un calzón nuevo y alguna playera con el rótulo de nuestro equipo de futbol americano favorito. Sólo eso de equipaje. No necesita de más.
La vida, lo leo en un viejo libro de un filósofo injustamente olvidado, José Ingenieros, se mide por sus horas de dicha. Si usted es dichoso y ha vivido como yo, sin prisa sin pausa y en toda libertad, convendría pues irse con una sonrisa en la cara mirando a la muerte de frente, con dignidad, con los ojos de quien se sabe ganador. Y hasta el último instante señor lector, vale la pena vivir. Así sabremos esa sensación de no sentir, de estar muertos, los cuales dice la Biblia, no saben, no piensan, no sienten. No es contradicción, sino exploración y complemento de la vida.
¿Aún le quedan muchos pendientes en su vida? Pues a vivir. Usted sabrá cómo se cuida de la mordida del bacilo chino el cual está más fiero a otro tiempo. En días pasados la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, dio a conocer sus cifras, mediciones y métrica sobre México: no van 220 mil muertos (corte del día 17 de mayo), sino la friolera de 617 mil muertes por COVID-19. Así la verdad y las cosas en el país de mentiras y engaños de Andrés Manuel López Obrador y Hugo López-Gatell. Cuídese, pero viva. Viva más intenso a cualquier otro tiempo pasado.
LETRAS MINÚSCULAS
Muera usted apuñalado como un don Juan, por la amante más hermosa y sensual… la vida.