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Visión de futuro
Por: Marjorie Delgado
Basta que pensemos en cómo nos comunicábamos tan solo hace 30 años, o cómo hacíamos las transacciones bancarias o las compras de alimentos y de ropa, para reconocer que el avance tecnológico ha cambiado drásticamente nuestras vidas. En este contexto, el mercado laboral va galopando al ritmo de la innovación, y cada transformación va reelaborando el boceto del mañana.
Muchos de los trabajos que los niños y adolescentes de hoy harán en el futuro aún no existen, pero los empleos que vendrán en lospróximos años son sorprendentes: cosechadores de agua atmosférica (en la atmósfera hay enormes ríos de agua), optimizadores de biodesechos, diseñadores de modificaciones genéticas, optimizadores del tráfico de drones y expertos en impresión de alimentos en 3D, son algunas de las ocupaciones que visualizan los futuristas, como Thomas Frey, Director Ejecutivo del Instituto Da Vinci.
Nuevas variables entran en juego a la hora de responder una pregunta que antes parecía tener respuestas muy evidentes: ¿Cómo será el trabajo del futuro? ¿Hacia dónde girar el timón a la hora de decidir cómo formarnos para no estar en desventaja? ¿Qué herramientas se le deben brindar a los niños a fin de prepararlos para ese futuro que quizá no esté tan lejos de lo que imaginamos?
Un futuro desafiante
Las tecnologías recientes han sido caldo de cultivo para crear nuevas oportunidades de trabajo, han abierto las posibilidades de ser más competitivos y han permitido aumentar la productividad.
Pero los avances también implican nuevos desafíos. En un análisis realizado desde la perspectiva del Banco Mundial, los expertos señalan que “el cambio tecnológico, incluyendo los avances digitales, las comunicaciones y la robótica, implicarán una mejora en el bienestar general de la población y en la reducción de la pobreza, a partir del incremento de la productividad en la economía global.
“No obstante, si este proceso no es acompañado por inversiones complementarias, es decir, reformas y políticas públicas dirigidas a aprovechar las ventajas que provee este proceso, el avance tecnológico también podría crear una profunda situación de desigualdad.
“En este sentido, al compás de los nuevos tiempos hay un riesgo: que la tecnología desplace a una gran parte de los trabajadores. De hecho, el cambio tecnológico implica que las máquinas, a través de ingeniosos algoritmos, se encarguen de hacer, cada vez más, las tareas manuales rutinarias”.
El Banco Mundial estima que, aunque no todos los trabajos son susceptibles de ser automatizados, “en promedio, 50% del empleo actual efectuado en América Latina podría no seguir siendo realizado por personas en el futuro”.
Una acción esencial
Frente a los temores, las alternativas también levantan la mano. Los especialistas del área concluyen que ese escenario se puede afrontar con acciones que apuesten a una fuerza laboral que pueda adaptarse a los cambios. Y que aún estamos a tiempo para prepararnos.
Una acción esencial, proponen los expertos, es crear programas de reentrenamiento para que los trabajadores de hoy adquieran habilidades a través de las cuales puedan insertarse en los nuevos escenarios, siendo cada vez más capaces de hacer tareas intelectuales no rutinarias, que no son susceptibles a la automatización, pues no pueden ser determinadas por las reglas de programación.
Estas acciones implican la cooperación entre el sector público y privado para redefinir el entrenamiento requerido, a partir de la identificación de las habilidades necesarias en el mercado laboral, y la creación de empleos en los que los trabajadores puedan reubicarse.
La educación a su vez, tendría que inclinarse hacia el desarrollo de habilidades que tengan que ver más con lo intelectual que con lo manual; y que deberían relacionarse más con el pensamiento crítico que con la capacidad de memorizar.
Si los futuros trabajadores crecen y se capacitan con esta forma de pensar, se promoverá la calidad, la creatividad y su capacidad para participar o emprender proyectos exitosos.
Flexibilidad, afán constante de aprender y, por qué no, valentía para romper esquemas, serán cualidades apreciadas por los empleadores del futuro.
El peso del agro
Una pregunta que los expertos se hacen con frecuencia es, ¿en qué se ocuparán los mil 600 millones de personas de países de mediano y bajo ingreso que en 15 años estarán en edad de trabajar?
Buena parte de la respuesta a esa pregunta está en las múltiples posibilidades de generar empleo que siempre ha tenido el sistema alimentario.
De hecho, en la actualidad, el sistema de producción de alimentos de los países en desarrollo genera 70% de los puestos de trabajo, por lo tanto, es un sector donde podría trabajar una gran cantidad de gente.
En América Latina, según cifras de la FAO, el sector agrícola emplea 9.6 millones de los 30 millones de jóvenes, entre 15 y 29 años, que viven en las zonas rurales. Y los expertos estiman que para 2030, la mayoría de los ingresos necesarios para acabar con la pobreza deberían venir de las actividades del campo (FAO es el organismo de Naciones Unidas que guía la producción alimentaria).
Fortalecer el sector agropecuario es fundamental, pero, aunque esta área lleve la batuta, es necesario comprender algo que, quizá por obvio, algunos pierden de vista: la demanda de empleos en el sector alimentario crecerá en mucha áreas del sector, entre ellas los servicios, el transporte, la logística, distribución, promoción, preparación, presentación, tecnologías y un largo etcétera.
Apoyar el crecimiento de las cadenas de valor alimentarias es fundamental para crear nuevos puestos de trabajo. Y para ello, sin duda, será necesario promover la cultura agropecuaria...
Por ejemplo, hacerla sostenible ante los efectos del cambio climático, es vital en un contexto en el que las sequías, las inundaciones y el aumento de las temperaturas están afectando el rendimiento de los cultivos y amenazando el suministro de alimentos.
En fin, para promover el sector alimentario será necesario trabajar en diversos campos de acción, como mejorar la tecnología de los cultivos y la crianza de ganado, optimizar la gestión del agua, incrementar los conocimientos de los agricultores y crear organizaciones de productores para ayudarlos a afrontar los retos del sector.
Incluir Mujeres y jóvenes
Es una tarea obligada promover la igualdad de género. A las mujeres y jóvenes también les interesan las tecnologías para mejorar la productividad del sistema alimentario.
Esto cobra mayor importancia si se toma en cuenta, por ejemplo, que el año pasado la tasa de desempleo de las mujeres en América Latina subió 1.9 puntos porcentuales, con lo que se ubicó en 9.8%. Por primera vez en una década, esta tasa rozó la frontera de los 2 dígitos, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo.
La inclusión de los jóvenes, en el entorno de las fincas rurales, es otro de los renglones importantes que deben apuntarse en la agenda de trabajo.
En esta región del mundo, el desempleo de los jóvenes es tres veces mayor que el de las personas mayores de 25 años. Por ello, es necesario mejorar su acceso a las tierras y al financiamiento para trabajar en ellas. Y también es importante capacitarlos para crear mejores mecanismos de distribución de los alimentos y para pensar en cómo diversificar los mercados.
Promover el desarrollo de nuevas tecnologías en el sector agropecuario es también parte de la tarea, pues en sus diversas posibilidades la tecnología ofrece muchas oportunidades para el desarrollo de todas las áreas.
Es necesario incorporar este tema (el desarrollo de nuevas tecnologías) a los programas universitarios de estudios agrícolas, para actualizar las habilidades de las personas que se dedican a esas áreas. Evaluar cuáles son las competencias que requiere cada empleado en las distintas áreas del sistema alimentario es una condición imprescindible para abrir el abanico de posibilidades.
Cada uno de esos eslabones es importante para crear un sistema de emprendimiento que promueva la pequeña y mediana empresa y potencie el desarrollo de iniciativas emergentes.
En un informe reciente, la FAO hace énfasis en garantizar que se apliquen políticas que conduzcan a una mayor estabilidad en los empleos rurales, ya que muchos de ellos son temporarios y el trabajador se ve obligado a lidiar con la incertidumbre.
Incrementar los empleos en el sector alimentario requiere las mismas acciones que se necesitan para generar nuevos puestos de trabajo, pero entran en juego otros factores, entre ellos: mejorar la estabilidad y las condiciones de trabajo.
En temas como éste hay mucho que enumerar porque aún hay mucho por hacer. Responder a la pregunta de dónde trabajará la gente del futuro depende mucho de que los países analicen su realidad y se pongan manos a la obra. (La autora de este artículo, Marjorie Delgado, es capacitadora online del Banco Mundial).