Violencia en boca de tod@s

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Violencia en boca de tod@s

Por: Fernando Ruz Dueñas

Conversaciones oídas por casualidad: “No le dejan salir con vestido a la fiesta”, “¿sus papás?”, “no, su novio”. “Mándale un mensaje”, “no puedo”, “¿por qué?”, “su novio le revisa el celular y no quiero que se enoje”. “¿Te acuerdas de ella?”, “sí, llegaba con moretones a la escuela”, “¿le pegaba?”, “sí”, “¿alguna vez dijo algo?”, “no”, “fue su culpa”. 
“Golpean y matan a mujer en…”

En el País, la probabilidad de leer un encabezado como el anterior en algún medio de comunicación es alta. Escuchar “por casualidad” alguna de las conversaciones anteriores también es común. Es normal. Vivimos normalizando la violencia en contra de las mujeres, a tal grado que ya no nos sorprenden las afirmaciones que culpabilizan a las mismas mujeres de las desgracias que las aquejan.

Son numerosos los noviazgos juveniles (o no tan juveniles) en los que los hombres pretenden tener el poder sobre las mujeres, controlando o queriendo manipular muchos de los aspectos cotidianos de sus vidas: el celular (comunicaciones), la ropa (personalidad), las actividades sociales (amistades)…

Y si es verdad que algunas de estas historias permanecen ocultas hasta que ya es demasiado tarde, hay muchas otras que no, en las cuales nosotros como sociedad (amigos, familiares, compañeros) nos percatamos de que algo no anda del todo bien, y somos testigos de indicios que pueden darnos pistas sobre relaciones violentas. Aun así, no decimos nada. Es normal.

¿En dónde se encuentra el límite de nuestra indignación? ¿Hasta cuándo una conducta violenta puede ser considerada normal?

La violencia en contra de las mujeres debe de ser visibilizada. Es necesario, como sociedad, crear redes de apoyo que les den a las mujeres que se encuentran dentro del círculo de la violencia la posibilidad de salir de él. ¿Cómo? Dejando claro que la violencia no es algo normal. Los celos, el control, los gritos, los golpes, por más “inofensivos” que parezcan, no son elementos que deban estar presentes ni dentro de una relación sentimental ni fuera de ella. 

Por supuesto, hablar del tema desde el exterior puede resultar cómodo. Pero en una sociedad tan machista como en la que vivimos, es necesario, a través de la educación y concientización, reafirmar en cada una de las personas la concepción de que ni hombres ni mujeres debemos de estar expuestos a situaciones que pongan en peligro nuestra integridad.

Es momento de construir realidades de igualdad, en las que los derechos humanos se trasporten del texto legal a la vida cotidiana. El derecho de las mujeres a una vida libre de violencia empieza en las cosas más sencillas, en las relaciones más próximas. En el tú y yo.

fernandogustavoruz@gmail.com

El autor es Auxiliar de Investigación de la Academia IDH.

Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH.