Varados

Usted está aquí

Varados

Andrés no come lumbre. O quizá su dedito sabio le dijo que no. Pero, sin mucho aspaviento México terminó aceptando todas las condiciones que Trump puso para evitarse más caos en su frontera. Ahora el verdadero caos golpeará a todo México y especialmente a la frontera sur.

Quizá nunca sepamos lo cerca que estuvimos de caer al precipicio, ni quiénes y en qué momento convencieron a Andrés de abandonar sus posturas en favor de la migración sin límites, con cargo a los vecinos del norte.

Anoche mismo, el líder senatorial demócrata Chuck Schumer se burló feamente de Trump por anunciar que había resuelto el problema. Sin embargo, no puede negarse que Trump se salió con la suya. Rollo mata carita y poquita saliva basta para que un adversario débil resbale y luego recule, como lo hizo Andrés. A Schumer eso le vale.

Debemos celebrar que México se ha comprometido a hacer lo correcto, no importa si lo hizo a la fuerza o bajo amenaza. Andrés nunca aquilató las consecuencias de incitar a migrantes de todo el mundo a usar a México como trampolín hacia los Estados Unidos. Así, tan solo en el mes de mayo, llegaron a solicitar asilo -y a internarse en territorio americano- el equivalente de toda la población de San Pedro.

Es difícil repasar todo lo que pudo pasar de no haberse llegado a los cuatro acuerdos. Nuestro futuro pudo deslizarse hacia el precipicio como Venezuela. Pactamos, sí, pero nos quedó un saldo o remanente gravoso para México, otra factura que deberá el insolvente Andrés.

Los acuerdos fueron prácticamente un castigo a la novatez del Presidente. Él abrió de par en par las puertas a varios cientos de miles de migrantes, ahora él tendrá que cerrarlas a la brava. No será fácil, porque llegarán quizá cientos o miles más a nuestra frontera sur, esperanzados por lo que otros coterráneos hicieron exitosamente hace apenas unos días.

Es difícil descifrar a Andrés. Se vio muy aventado invitando a gobernadores a manifestarse en una especie de suicido colectivo en Tijuana el día de hoy. Pero como resultó el acuerdo firmado, por un lado va a invocar a la dignidad y por otro afirmará exactamente lo opuesto, con el mundo entero como testigo de la contradicción.

Andrés pivotea de lo lindo. Tan pronto Trump tuiteó anunciando su triunfo, Andrés se congratuló de que “gracias al apoyo de todos los mexicanos se logró evitar la imposición de los aranceles a los productos mexicanos”. Me pregunto si hoy a las 17:00 horas en Tijuana dirá que tendremos que hacernos cargo de todos los migrantes que quedarán varados en México. O que hospedaremos en México a los futuros deportados.

Otras dos de las obligaciones contraídas son históricamente difíciles de cumplir: tratar a los migrantes varados con respeto a sus derechos humanos, y vigilar en forma efectiva los caminos de acceso a los Estados Unidos. Agreguen neutralizar a los cárteles de las drogas o contrabandistas de personas, que de plano se me hace un compromiso imposible de lograr.

Seguramente muy pocos habrán caído en cuenta que, con su concesión, Andrés prácticamente asegura la reelección de Trump en 2020. Esto lo digo por los que criticaron a Peña Nieto por servirle la mesa a Trump para su triunfo en 2016. Más pronto cae un hablador que un cojo, dice el dicho.

Hay un último asunto. El cuarto acuerdo dice que revisarán el cumplimiento (o avance) de los acuerdos y logros en los siguientes 90 días. La traducción es sencilla: Trump otorgó un crédito a la palabra de Andrés y sus negociadores. Trump no derogará el decreto con facultades extraordinarias para imponer las tarifas arancelarias, simplemente suspende los efectos mientras comprueba si México cumple o no cumple.

En ese sentido, todos los mexicanos podríamos quedar varados en el fango de la incompetencia, incertidumbre y corrupción históricas. A Trump no le interesa micro-administrar México; con agarrar al diablo de la cola tiene. Ya lo demostró.

javierlivas@infinitummail.com