Vacunas guardadas en cuerpos humanos

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Vacunas guardadas en cuerpos humanos

El rey Carlos IV perdió a su hija María Teresa a causa de la viruela, esto ocurrió en 1803 en España, y fue debido a esta gran pena, que el rey decidió vacunar hasta el último rincón del Imperio Español. Para esta tarea designó al médico Francisco Xavier Balmais, un médico de la corte, quien libró inimaginables obstáculos para el transporte de la vacuna. El primero fue cómo transportarla sin que perdiera su efectividad. Así, tuvo la idea de llevarla de brazo en brazo humano. Eligió a niños huérfanos, quienes expusieron sus vidas para trasladar en sus cuerpos, la cura. El procedimiento en forma general, fue más o menos así: inyectar  la vacuna a uno de los niños, esperar a la formación de la ámpula, y de allí a cierto tiempo tomar el fluido segregado para inocular a otro niño. Para ello calculó que 22 niños, de 3 a 7 años, eran necesarios como óptimos resguardos para la travesía marítima que permitiera vacunar a las colonias españolas.

Estos y otros interesantes datos, los lee mi madre Agripina María, en voz alta. Pertenecen al libro “Breve historia de la salud en México, de la Colonia a nuestros días” escrito por su amigo, el doctor Guillermo Enrique Guerra Valdés, quien se lo ha regalado. Es un ejemplar que se imprimió recientemente, en agosto del 2020.

A esos niños gallegos que viajaron el barco, y “sirvieron” como refrigeradores en aquel tiempo, dice mi madre, se les debería reconocer por sus nombres, pues incluso tres de ellos murieron en la travesía: Tomás Metiton y Juan Antonio durante el trayecto, y un pequeño -del que no se detalla el nombre- falleció a su llegada al Caribe.

Más tarde, 26 niños huérfanos de la Nueva España, también fueron tomados para trasladar en sus cuerpos la vacuna contra la viruela. Esto es relevante, ya que gracias a la vacunación realizada en ese periodo, fue posible que la población del continente Americano sufriera menores mortandades.

Ahora -reflexiona mi madre- con toda la tecnología, con aviones, medios de transporte veloces y refrigeradores, no llegan rápido las vacunas del Covid-19 y otras vacunas, a todos los rincones de nuestro país. Y son viajes rápidos y breves, no como este heroico viaje narrado en el libro del doctor Guerra, que duró más de tres años y dio la vuelta al mundo a cargo del doctor Balmais. En él fue posible aplicar a más de 200 mil personas, la vacuna contra la viruela descubierta por el doctor Edward Jenner, quien en su tiempo, se expresó de esta proeza: “no puedo imaginar que en los anales de la historia se proporcionara un ejemplo de filantropía más noble y amplio” que éste. Por su parte Alexander von Humboldt se sumó en la reflexión y dijo: “este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia”.

Sin embargo, es una proeza escasamente conocida, pero es justo sacarla a la luz hoy, en un contexto post Covid-19 en donde parece difícil conciliar intereses políticos que ayuden a combatir esta pandemia.

Hoy, el autor de este libro, tiene 101 años, y ha ejercido como médico 76 años. Nació en San Pedro de las Colonias, Coahuila y se tituló como médico en la UNAM. Llegó a Monclova en 1944 como primer médico de los familiares de trabajadores de Altos Hornos de México. Y posterior a su especialidad, fue el primer pediatra en la región centro de Coahuila. Fundó el Hospital Infantil Campo San Antonio. Entre otros cargos, fue Director de la Clínica 7 del Instituto Mexicano del Seguro Social. Además, recibió la medalla Dr. Gral. Jesús Lozoya Solís, máxima distinción entregada por la Confederación Nacional de Pediatría de México. En 2014 publicó su primer libro titulado “Memorias”.

Gracias a las investigaciones documentales que doctor Guerra incluye en su libro, pudimos conocer esta proeza de proporciones épicas que sumó para mantener viva a una parte de la población americana.

claudiadesierto@gmail.com