Un nuevo Dios
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Un nuevo Dios
1 La cuna y el sentido
No sería necesario consultar el ensayo de Sigmund Freud “El Chiste y su Relación con el Inconsciente” para sorprenderse y desternillarse de risa y de zozobra ante el nuevo hallazgo de nuestros arqueólogos: el descubrimiento de una deidad prehispánica hasta ahora desconocida y cuyos orígenes podrían remontarse a la cultura olmeca y aun a periodos más remotos.
Me refiero, por supuesto, a Huachicoloyotl, “el dios de la gasolina”, según los informes especializados. Si seguimos la sugerencia de Salvador Novo, el nombre de esta deidad se pronunciaría /Huachicoloyótl/, ya que, según el poeta cronista, casi no existen palabras agudas en lengua náhuatl –y este nombre es náhuatl, evidentemente.
Los lingüistas están haciéndose cábalas buscando el origen más recóndito del vocablo “huachicol” –de donde proviene el término “huachicolero”-; lo más sesudo que hasta hoy se ha encontrado es una definición de Wikipedia: “El huachicol o guachicol es una bebida alcohólica adulterada. Esta palabra del español mexicano también se usa para nombrar al combustible (gasolina o diésel) adulterado o robado. Las personas que se dedican a la actividad ilícita de robar y adulterar combustible y bebidas alcohólicas en México se conocen como huachicoleros.”
Se define el vocablo y se señalan ciertos derivados, aunque la estirpe etimológica del término queda a oscuras. A oscuras queda también la relación entre la adulteración de una bebida alcohólica y el robo de combustible, aunque tal asociación semántica a nadie extraña en México: la transa es consustancial a la identidad de los mexicanos. He aquí, por cierto, otro vocablo interesante: “transa”.
La transa, la mordida, la gandallez, el compadrazgo, el nepotismo, la doble moral y el huachicoleo son otras tantas características de esa multiforme identidad nacional en torno de la cual tanto se ha teorizado. Pues bien, por fin un Dios virtualmente surgido del panteón prehispánico da rostro –uno más, acaso el definitivo- a esa nuestra ¿barroca?/grotesca/corrupta/amarga/trágico-hilarante personalidad colectiva: Huachicoloyótl.
Pero aún hay dudas en torno del nombre de esta deidad. Algunos arqueólogos y eruditos lo llaman como aquí se ha escrito; otros lo nombran de manera apocopada: “Huachicóyotl”, facilitando así su pronunciación.
2 De hombres cabales
Sin ser demasiado adicto a los “memes”, recibo –como muchos- innumerables gracejadas en mi rupestre teléfono celular. Hace unas semanas llegó el sorprendente rostro de Huachicoloyótl, ¿dios de la gasolina? Vaya.
De pronto vi algo parecido a una cabeza olmeca, pero de inmediato caí en la cuenta de que esa forma relativamente cuadrada y aquella boca circular y como dispuesta a dar un beso tronado no correspondían a los pétreos originales…
Se trataba de un chiste, claro. Pero, al margen del inmenso problema al que alude, aquella “cabeza”, aquel “dios de la gasolina” hecho con un pringoso bidón de plástico me catapultó hasta Marcel Duchamp: su “Fuente” urinario y sus “objetos encontrados”.
Es extraño decir que la cabeza de Huachicoloyótl fue “hecha” con un bidón de gasolina porque no hay ninguna elaboración en esto: se trata de la fotografía de un bidón colocado de tan ingeniosa manera que ese solo hecho nos remite instantáneamente a la imagen de un hierático rostro “prehispánico”, o en todo caso, “antiguo”.
Sea como fuere y expresándolo de manera estricta, la factura de esta pieza habrá que atribuirla a la persona que hizo la fotografía y, por supuesto, a los fabricantes del bidón de plástico de marras.
La “obra” no está firmada por Gabriel Orozco, Damien Hirst, Theaster Gates o cualquier otro célebre artista posmoderno y transvanguardista, no, no. El autor de esta fotografía es anónimo. O mejor dicho: nadie, que se sepa, firmó esta fotografía tan sugestiva, tan reveladora y crítica, con todo y su certero humor –negro, en este caso.
Hirst, Koons, Banksy son artistas plásticos que se han vuelto millonarios gracias a la venta cada vez más cotizada de sus obras en el caprichoso mercado internacional del arte. Sus trabajos son vendidos en varios millones de dólares o de euros. Y todos sabemos que los coleccionistas se los disputan en las subastas de Sotheby´s y de Christie´s.
El autor o los/as autores/as de esta obra definitivamente ideológico-conceptual ha/n “subido” su icónica protesta a las cumbres cibernéticas y ya recorre los corredores virtualmente ilimitados de las redes. ¿Se ha/n hecho millonario/s como los artistas mencionados o como los siniestros especuladores del petróleo en México? No lo creo.
El autor/la autora de esta obra debería exponer su trabajo en el Palacio de Bellas Artes y en los grandes espacios culturales de nuestro país y del mundo.
Y si se trata de un joven que sólo quiso divertirse, hay que exhortarlo a que continúe su exploración lúdica. Es obvio que posee la mirada de un artista y el humor crítico de un verdadero creador de arte demandante.
En Nueva York o en París ya habría ganado varios millones de dólares o de euros… Aunque el dinero/