Torreón también es Coahuila

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Torreón también es Coahuila

“Está flaca pero interesante” fue lo que pensó don Héctor cuando vio por primera vez a la mujer que sería su esposa. Al menos eso decía cuando contaba repetidamente la anécdota. El escenario del no tan romántico encuentro fue una vieja casona ubicada en el centro de Torreón, lugar en el que se celebraba una boda a la que gracias a un acto de cortesía y casi por casualidad, don Héctor fue invitado. Pocos lo saben, yo tuve la fortuna de nacer en la bien llamada “Perla de la Laguna”, como fortuna fue también la oportunidad de crecer y formarme en esta hermosa capital. Recuerdo bien que en mi infancia las pláticas de sobremesa se aderezaban con comentarios (siempre positivos) sobre la ciudad de Torreón. Con la muletilla del “¡ande no!”, se hablaba de la Colón y la Morelos; del agua celis, remedio infalible para la resaca que se vendía desde temprana hora en los tabaretes; del antiguo Banco Chino, las pacas de algodón, la lechera Lala, y de la pasión por el futbol. Las referencias a la “ciudad de los grandes esfuerzos” de pronto dejaron de ser las más positivas. La inseguridad se adueñó de sus calles y plazas públicas que en otro tiempo se encontraban llenas de familias. Los comercios comenzaron a cerrar sus puertas ante el miedo de sus propietarios; “ya no es negocio”, decían. El Centro Histórico lucía desolado. Una especie de “toque de queda” acabó con la vida nocturna de la ciudad. Torreón le mostraba al mundo su peor cara; la noticia de una balacera a las afueras del Estadio TSM mientras se celebraba un partido, y la imagen de jugadores y afición corriendo para resguardarse, dio la vuelta al planeta. ¿Cuántos muertos hubo hoy en Torreón?, me preguntaba don Héctor como queriendo iniciar la plática.

“A Torreón lo que le toca”, repetía el joven candidato a la Presidencia Municipal de esa ciudad. Tal vez muchos no entendieron a qué se refería Miguel Riquelme con su frase. Ahora lo comprendemos todos; a Torreón le tocaba crecer, volver a ser esa ciudad pujante de gente orgullosa; a Torreón le tocaba levantarse.

Hoy la realidad es otra. La tranquilidad vuelve a las calles y hogares. La colonia Nuevo México, cuyas familias habían sido desplazadas por la delincuencia, es ejemplo de reconstrucción del tejido social. En el poniente de la ciudad, donde la violencia se había arraigado, ahora se cuenta con el complejo cultural y deportivo Jabonera La Unión, donde los niños y jóvenes que seguramente habrían sido cooptados por la delincuencia, sueñan y se preparan para un futuro mejor. Lo que antes era basura y división, ahora es uno de los parques lineales más extensos del país; la línea verde y sus más de cinco kilómetros son el ejemplo de obras que transforman la vida de las personas. Pronto Torreón tendrá un teleférico que recorrerá del Cerro de las Noas hasta el Centro Histórico, primero en su tipo en Coahuila, y décimo en todo el País. Con el Metrobus Laguna, la ciudad contará con un sistema mejorado de movilidad urbana. Además, 250 unidades motorizadas destinadas a las acciones de seguridad recorren ahora las calles y avenidas. Con el aumento del 67 por ciento del sueldo a las y los policías, se asegura una mejor actuación de los cuerpos policiales. Miguel también se encargó de mejorar los servicios públicos, principalmente el alumbrado, drenaje, la pavimentación y el abasto de agua. En tres años se destinaron más de 4 mil 500 millones de pesos para obras de infraestructura, cifra histórica de inversión pública en ese Municipio. Se entregó la primera etapa de la Ciudad DIF y se arrancó la construcción de la Ciudad Judicial, obras sin precedentes en nuestro Estado.

Aquí en confianza, el rescate del Centro Histórico con el totalmente renovado Paseo Morelos, me ha permitido recordar muchas de las pláticas que escuché cuando niño. Tal vez por esa calle don Héctor y doña Martha caminaron de la mano. Seguramente entonces no imaginaron la transformación que ahora vive la ciudad en la que se conocieron. 

Miguel no sólo venció a la delincuencia, venció también al escepticismo. Ahora nadie podrá, al menos no con sólidos argumentos, regatearle lo que ha hecho por la “Perla de la Laguna”. El cambio está a la vista. Hoy Torreón es otro.

Al rendir su Tercer Informe de Gobierno, Miguel Riquelme anunció sus aspiraciones. “Quiero ser Gobernador de Coahuila”, dijo enfático. El público que abarrotó el Teatro Nazas se unió en un sonoro aplauso de pie que parecía no tener fin. Y mientras esto sucedía, yo reflexionaba: para quien tenga duda, Torreón también es Coahuila.