Tigres gana, pero no es feliz
Usted está aquí
Tigres gana, pero no es feliz
Tigres ha perdido mucho vínculo con su futbol, pero aun así logra ganar partidos para sostenerse en posiciones expectantes. Quizás hoy lo suyo sea más atribuible a las circunstancias que a un patrón competitivo definido.
Y para un equipo que se supone debe dar mucho más de lo que ofrece, esta situación no es saludable. Tigres debería estar en condiciones de imponer y no de sospechar que a cada partido lo puede ganar nomás por la etiqueta.
En Tijuana, la fecha anterior, se conformó con muy poco. Tuvo un acierto individual que provocó luego una contracción colectiva para asegurar lo conseguido.
Frente a Chivas, el sábado, tuvo que disponer de un penal a su favor en el minuto 94 para colgarse de las uñas a una victoria que no justificó en la cancha.
En ambos casos sumó mucho, pero paradójicamente, ha tenido muy poco para celebrar. En la burla de Vargas a Almeyda se resumió esa debilidad emocional que hoy sufre un Tigres que, ante la falta de felicidad futbolística, magnifica cualquier detalle positivo.
Ferretti parece no inmutarse ante la pálida propuesta de su equipo. Sigue creyendo que con los atributos individuales, en algún momento dentro de los partidos, Tigres marcará la diferencia. Y puede ser que sí, pero la lectura es insuficiente, sino es que mezquina.
Tigres no puede vivir mendingando resultados cuidándose, primero, que no le metan gol, porque supone tener la capacidad de poder conseguirlos y protegerlos jugando.
Sin embargo, su postura es muy fría, aburrida y esperanzada en lo que puedan hacer Aquino, Gignac, Valencia o Vargas. Nada que sorprenda. A sus mejores campañas, Tigres las ha dibujado con este estilo.
Lo que sí es cuestionable es todo lo que desaprovecha para ser mejor. Contar con demasiada calidad al servicio de un modelo represivo es un vil desperdicio.
Tiró por la ventana la Copa MX por creerse suficiente sin demostrarlo y en la Liga viene rascando resultados montado sobre una austeridad futbolística que lo conduce a la apatía y a la desconexión.
Sin una correcta circulación para un manejo y control educado, Tigres ya no puede darse muchos lujos como antes y ganar gracias a la dictadura de su ejecución.
Hoy muy pocos equipos le ceden la iniciativa y necesita de otros recursos y nuevas vacunas.
Sin embargo, mientras consiga lo que quiere, no parece estar dispuesto a cambiar. Sólo que ignorar las advertencias puede que en algún momento lo tenga que pagar.