Tigres dignifica al finalista
Usted está aquí
Tigres dignifica al finalista
Lo de Tigres el jueves fue impecable. La ha dado un baile de campeonato a Pumas. Si mañana en CU deja que fluya, aunque sea por efecto goteo, un poco de esa esencia letal que anestesió a los capitalinos, será el nuevo monarca del futbol mexicano.
Tigres le ha demostrado a Pumas que además de colmillos, a una Final hay que sentirla. El sentimiento es un disparador emocional por naturaleza y un factor de quiebre que anima y estimula a acercarse a los objetivos. Esto, combinado con la convicción y la ambición, produce un efecto futbolísticamente explosivo.
Y Tigres fue explosivo, exquisito, inteligente… Fue una tromba. Dibujó un partido redondo. Se sintió superior, seguro y ganador. Cumplió sobremanera en los tres conceptos. Tuvo todos los componentes que se le pueden exigir a un equipo con altas pretensiones. Ha dignificado la condición de finalista. No necesitó nada de Pumas, más bien se ocupó en cómo despedazarlo.
Es difícil entender que Guillermo Vázquez no sepa contra quien se está enfrentando. De otra manera no se explica la exagerada indiferencia de su equipo hacia un Tigres que trae en su ADN un nervio devorador si le ofrecen facilidades de mando.
Pumas pensó que encogiendo su cuerpo táctico iba a ser suficiente para neutralizar las intenciones de su adversario. Sin embargo, rápidamente todo se les fue de las manos para convertirse en un mero sparring expuesto a la fatalidad.
El esqueleto defensivo de los capitalinos se hizo insostenible por la laxitud en la marca, por los errores de ejecución, por las ventajas concedidas y por un nulo efecto reactivo. Fue una defensa porosa por las bandas, torpe en su área y complaciente en el medio. Su juego fue fantasmal y quedó abierto a un “bullying” futbolístico por derecho propio.
De aquel superlíder a este Pumas de la Liguilla hay mucha distancia. El cuadro de Vázquez no sólo perdió sabor, sino mucha hambre. No parece haber generado los suficientes anticuerpos en las instancias pasadas, sobre todo después de la infartante Semifinal frente al América. Se nota que trae traumas y secuelas colectivas.
Pumas ha llegado a la Final desorientado y poco tiene que hacer frente a un Tigres mucho más entero y pragmático. Un Tigres que ofrece todas las cualidades individuales y en conjunto para derribar hasta los muros más sofisticados.
A Tigres no se le gana sólo con combatirle cuerpo a cuerpo, ni mucho menos esperándolo. A Tigres hay que dominarlo porque ante la igualdad de condiciones se hace más resistente y peligroso.
Hasta ahora no hay un solo equipo que le haya discutido un partido con sobrados argumentos que le reduzcan su poder y control. Todos saben cómo juega, todos los técnicos dicen que lo estudian, pero todos han caído en sus redes. Ni siquiera son capaces de obstaculizarle su principal recurso: las bandas.
Y Pumas ha sido demasiado frágil en este primer round para el tamaño del rival. Creer que en CU pueda voltear la historia es también desconocer el grado de fertilidad defensiva que ofrece Tigres, el mejor equipo del torneo que maneja resultados y situaciones favorables.
Salvo una catástrofe como ante América hace un año –facilitada por tres expulsiones felinas- no se ve por donde Tigres pueda derrumbarse en su camino hacia la cuarta estrella que por decisión y juego hoy merece holgadamente.
Pumas no sólo debe recobrar energías, reordenar ideas y plantarse como un verdadero capo en CU. Tiene, además, que recuperar el orgullo que, por lo visto, lo tiene atorado en el fondo de su displicencia.