Tigres, con ventaja y austeridad
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Tigres, con ventaja y austeridad
La ventaja que hoy Tigres lleva sobre Chiapas se resume en dos momentos del primer juego, tan aislados como determinantes, pero llenos de categoría. Sin embargo, detrás de los dos golazos, ni al equipo de Ferretti ni a los aficionados le ha quedado mucho para emocionarse.
El francés Gignac le quitó el mal humor al partido con una elegante “tijera” y Damián Álvarez firmó el triunfo con una caricia al balón que se incrustó en un ángulo. Tremendas anotaciones que le sirvieron a Tigres para adelantarse en la serie, pero también para maquillar algunos huecos de un futbol predecible e insuficiente.
Tigres se ha topado con una ventaja gracias a un par de definiciones que emanan de su talento individual, y no fundamentado por su juego colectivo. Esto es lo que dispara las alertas más allá del valioso resultado en una instancia que, con Ferretti en el timón, siempre le ha costado ganar.
También pudo haber sufrido cualquier otro final más angustioso, lo que retrata que hoy más que nunca el equipo necesita de alguna inspiración de sus cotizados elementos para disfrazar su reprimida propuesta futbolística.
Mirándolo desde el resultado, Tigres ha quedado posicionado de cara al escenario que mejor mastica, ese de conformarse con poco y especular con los empates, su arma favorita para tumbar rivales en las Liguillas.
Sin embargo, futbolísticamente, su comportamiento se rehúsa a dar el estirón. Para Ferretti todos los partidos, independientemente de su grado de dificultad, son iguales. El molde no se toca, no se perciben las flaquezas que pueda ofrecer el adversario, no se potencian las virtudes y la única esperanza es que funcione la automatización.
El miércoles, el desarrollo pedía variantes, empuje y una actitud sostenida ante un Chiapas agazapado. A Ferretti ni cosquillas le hizo el conservador planteamiento de La Volpe. Siguió fiel a su manual e idea, pese a una insistencia terca que no se tradujo en productividad.
Tigres continúa ofreciendo una sensación de dominio, pero sin gravitación. Su posesión se concentra en zonas infértiles y falsamente ese manoseo del balón sugiere a la vista una imagen de control. Sin embargo, su traslado es demasiado espeso porque su juego tiende a ser más horizontal.
Manejar el balón sin profundidad es igual a nada. La posesión de Tigres, por momentos, aburre y plancha el accionar del equipo. Circula, más no elabora ni cuenta con planes “B”. Sus mejores opciones de gol se reducen a un encare de Aquino o Álvarez y a los fenomenales atributos de Gignac. Las intermitencias de Sobis y de Damm le restan articulaciones a los recursos colectivos ofensivos.
Tigres es un equipo previsible que si le anulan los circuitos –que frecuentemente nacen desde el medio hacia las bandas- se atora y tambalea. No asume riesgos con otras variables de ejecución.
Guerrón quedó atornillado a la banca cuando el partido pedía a gritos más desequilibrio. Lo de Álvarez no fue premeditado, sino que entró de casualidad. La culpa, en todo caso, no fue de Chiapas sino de Tigres y su DT que no lo supieron descifrar.
Chiapas discutió el balón, cerró espacios y salió de contra. La Volpe apostó a ser más compacto y mezquino que abierto y agresivo. Se ajustó a las limitantes de su plantilla y en un escenario adverso. ¿Se podía esperar más?
Ferretti no debería sorprenderse porque ante las mismas circunstancias lo plantearía igual. Está en su ADN.
¿Cuántas veces no ha reculado –incluso de local- y Pizarro pasó a ser un zaguero central más para cuidar el negocio? Por lo mismo, ¿quién puede negar que mañana Tigres no profundice su austeridad?