¿Son el cambio?
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¿Son el cambio?
Uno de los principales activistas contra el Apartheid, Desmond Tutu, quien se convirtiera en el primer arzobispo anglicano negro en Sudáfrica y fuera reconocido en 1984 con el Premio Nobel de la Paz, afirmaba que su padre solía decir: “no levantes la voz, mejora tu argumento”. El estridente ruido propio de la época electoral se va dejando escuchar. Es precisamente ante la falta de argumentos, que los representantes de la derecha coahuilense alzan sus voces con el único fin de hacer ruido. Pregonan el cambio como alternativa, pero no aclaran por qué, ni para qué es necesario. Pretenden que en Coahuila se haga de la alternancia un experimento, sin advertir que en el “contrato” que proponen hay letras “chiquitas” y cláusulas ocultas. El “cambio” solo por cambiar ha mostrado sus lamentables consecuencias. Tamaulipas, por ejemplo, es hoy considerada la segunda entidad más insegura de México, después de Michoacán. La cifra de homicidios, secuestros, robos y extorsiones ha aumentado exponencialmente en los últimos meses. De acuerdo a reportes del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, la fuerte presencia de contingentes militares y de la Policía Federal ha sido insuficiente para revertir la terrible escalada de violencia en ese estado fronterizo. “Ahora, ir a McAllen por Reynosa es un deporte extremo” me comentó un buen amigo, al tiempo que mostraba las compras que había hecho con motivo del Día de San Valentín en un centro comercial local. Sí mamá, ¡hay quienes todavía hacen regalos el 14 de febrero! Tal parece que la llegada del panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca a la gubernatura tamaulipeca, dio al traste con la estrategia de seguridad que empezaba a rendir frutos. El Gobernador que cometió el error histórico de confundir la Revolución Mexicana con la Independencia, estuvo preso en Texas por robo de armas y es acusado de tener vínculos con el Cártel del Golfo; aun así, abanderó el “cambio” en su estado. Nuestros vecinos de Nuevo León no curten mal las baquetas, dijera Don Héctor. Allá, además de que no han sido cumplidas las principales promesas de campaña como la eliminación total de la tenencia, o el subsidio en el transporte público a estudiantes, la violencia ha ido en aumento incesantemente. Tan solo en 2016, los homicidios dolosos registrados en esa entidad se incrementaron 43%, y se llegó al máximo histórico en casos de extorsión. Como si fuera poco, las denuncias por secuestro aumentaron 29%, y las balaceras volvieron a las principales calles y avenidas, sembrando de nuevo el temor entre la población. Al respecto, el Gobernador “independiente” Jaime Rodríguez parece estar más preocupado por alcanzar la silla presidencial que por la situación que atraviesan los neoleoneses. Por su parte, la incertidumbre y el miedo regresaron a Chihuahua. Los titulares de los periódicos que circulan en el estado más grande de México, dan cuenta del atroz retorno de la violencia. Tan solo al inicio de esta semana se informó de la ejecución de tres hombres por un comando armado, y el secuestro de una madre de familia y sus hijas en esa entidad. Tras el aumento generalizado de la incidencia delictiva, el Gobernador Javier Corral Jurado, ha declarado que la inseguridad en Chihuahua puede ser solo una percepción: “hay que tener mucho cuidado con empezar a magnificar los problemas”, manifestó el panista en noviembre pasado, al ser cuestionado por los hechos en que fueron ejecutadas 26 personas tan solo en un fin de semana.
En los Estados que antes mencioné hay un interesante factor común. En los tres se convenció al electorado proponiendo un “cambio”; en los tres el “cambio” resultó en retroceso.
Acá en nuestra patria chica el ruido comienza. El precandidato azul Guillermo Anaya busca afanosamente curarse en salud y al respecto ha manifestado: “me van a acusar de narco”, en una clara referencia a su cercanía con el líder del Cártel de los Beltrán Leyva, Sergio Villarreal “El Grande”, quien según publicaciones del semanario Proceso, declaró haber recibido protección del panista cuando era Alcalde de Torreón. Sus presuntos nexos con la delincuencia seguramente darán de qué hablar en los próximos meses.
Aquí en confianza, lo que requerimos las y los coahuilenses está más allá de un discurso hueco. Tal parece que los panistas, y ahora también sus aliados, jugarán el juego de siempre: hablarán de “cambio” sin hacer propuestas concretas, esperando que esta fórmula sea suficiente como ya sucedió en otras latitudes. ¡Más seriedad señores!, que Coahuila es un estado fuerte y no un laboratorio para hacer experimentos.