Linda acogida tuvo mi artículo referente a la serie “Somos.” (VANGUARDIA 6 de julio de 2021), lo que obedeció naturalmente a la excelente recepción de la que esta miniserie gozó.

Casi toda la retroalimentación que recibí coincidió con mi opinión sobre lo valioso que fue el recoger los testimonios, armar el rompecabezas y dramatizar los hechos concernientes a la Masacre de Allende, Coahuila de 2011, para que los conociese una buena parte del mundo que permanece completamente ajena a estos horrendos acontecimientos sobre los que la autoridad calló y permanece al día de hoy, una década después, en el más abyecto silencio.

Los hubo quienes reclamaron al docudrama la omisión del papel que jugaron los altos mandos, civiles y militares, en este genocidio que mancha con sangre nuestra historia reciente y a perpetuidad. Pero hablando en nombre de la serie, defendí su punto de vista: Se aboca estrictamente a la perspectiva de las víctimas y los hechos que detonaron esta atrocidad. El contexto político da por supuesto para estudios, investigaciones y material audiovisual aparte.

“Somos.” es lo que es y cumple con una misión de la que nadie antes se ocupó: Ponernos en perspectiva estos sucesos atroces.

¿Quiénes “somos” al día de hoy, una década después de acaecida esta monstruosidad; a diez años de que tocamos fondo en la escala de lo que es humano?

Básicamente y sin ánimos de ponerme cáustico, somos el mismo pueblo sumiso ante el poder al que, en vez de llamar a cuentas, le rendimos la misma pleitesía.

Asustados de que el narco vuelva a adueñarse de nuestras vidas, pero incapaces de increpar a la corrupta autoridad que se lo permitiría, porque todos tenemos un interés particular que cuidar, un negocio, un contrato, una plaza, una prebenda cualquiera.

Los responsables de la Masacre en la esfera política siguen libres y gozando de total impunidad. ¡Más que eso!: Siguen apoltronados en el trono del poder, disfrutando de todo lo que les redituó su complicidad con el crimen organizado y de todo lo que es posible obtener del régimen en curso.

Creo que, con respecto a hace diez años, somos esencialmente los mismos. Y eso no es como para enorgullecerse.

Una pequeña nota llamó mi atención, fechada hace cinco días en el propio municipio de Allende, Coahuila, en la que se informa la reanudación de las peleas de gallos (mismas que al parecer son muy tradicionales) en esta región de los Cinco Manantiales, a 40 minutos de la frontera con Estados Unidos.

Y es que al parecer esta actividad genera una derrama económica considerable gracias al turismo que capta de Texas y otras entidades de la República.

Mire, yo respeto mucho que una comunidad haga un esfuerzo genuino por reactivar su economía y más que nada, por reanudar la vida tal cual se conocía antes de la pandemia, antes de la Masacre y antes de que una mafia política corrompiese todo lo que era bueno en esta tierra.

Pero tengo que objetar que las posibilidades de recuperación de esta región estén puestas en un espectáculo decadente, que francamente debería estar ya erradicado.

Y lo digo con toda consideración y respeto para quienes de manera honesta viven de la crianza de estos animales y quizás sostienen a sus familias con esta actividad.

No culpo sino a la autoridad, a los gobiernos y gobernantes que han dejado a Allende y comunidades adyacentes en semejante olvido, que ahora buscan levantarse con un pasatiempo de la época colonial.

Lo fuerte de esta actividad no es por supuesto el espectáculo (¡qué chiste puede tener ver a dos pobres aves dándose en su madre!), sino las apuestas que conllevan. Entonces hablamos de que se manejan fuertes sumas de dinero ¡en efectivo! Y todo giro en donde el efectivo fluye sin control, se convierte en un imán para el lavado de dinero y otras actividades ilícitas, en las que se especializa gente de la calaña como la que perpetró la Masacre. Por lo que se estaría retroalimentando el ciclo de desgracia.

El Estado jura que brindará protección policiaca para que en este espectáculo no se involucre gente del crimen organizado, pero sabemos que ni pueden, ni quieren, ni lo van a evitar.

Y por si fuera poco, se supone que existía una ley estatal contra la crueldad hacia los animales que proscribe como espectáculos las peleas entre animales, a excepción de las peleas de gallos. ¿Por qué? ¿Por qué perros no y gallos sí?

Pero reitero: No puedo culpar a una comunidad que busca salir del atolladero económico y social con las únicas herramientas que conoce o de las que puede echar mano, si a los gobiernos poco les ha importado el desarrollo o el atraso en esta región.

Todas estas cosas hablan de quienes somos y, sin lugar a muchas dudas, seguimos siendo los mismos.