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Secretos del lenguaje corporal
La reconocida psicóloga social Amy Cuddy responde a los lectores que la han cuestionado sobre el ‘lenguaje corporal’, el principal tema de su blog, que ha recibido millones de visitas.
Este dato deja entrever el enorme interés que suscita el tema abordado por esta psicóloga de la Universidad de Harvard, que ella ha titulado ‘El lenguaje corporal y cómo influye en nuestra forma de ser’.
Estas son las respuestas a algunas de las preguntas planteadas en su blog.
Pregunta. ¿Qué lenguaje corporal sugiere usted para incrementar la autoestima y la confianza en sí mismo? (Carlos José Chavarría, Ciudad Barrios, El Salvador)
Respuesta. Tienes que abrir el pecho, estirar la espalda y echar los hombros hacia atrás; retirar los brazos del torso y asegurarte de que no te estás encogiendo en ti mismo. No te toques la cara ni el cabello, y tampoco te lleves las manos al cuello. Esta última es la postura que refleja menos poder porque parece que te estás protegiendo de ser agarrado por la garganta.
Piensa en el gesto de victoria que hace un deportista cuando cruza primero la línea de meta y abre sus brazos al mundo: eso es lo que hacen las personas cuando se sienten poderosas. Esa expresión —abrirle los brazos al mundo— es exactamente lo opuesto a la indefensión. Por eso cuando abres los brazos te sientes poderoso, dominante y con la situación bajo control.
P. Soy una mujer joven que mide 1.50 metros de estatura, y por más que me esfuerce en proyectar mi carácter, siento que me perciben como si fuera inferior. De hecho, me dicen ‘Andreíta’. Procuro ser amable, pero me gustaría proyectarme con más fuerza (Andrea Ospina, Bogotá, Colombia)
R. Algo que encuentro interesante sobre la estatura es que, cuando las personas se sienten poderosas, creen que son más altas. No digo que sea algo literal, que si mides 1.50 te creas que mides 1.75, pero en comparación con otras personas, hay momentos en que sientes que te vuelves más grande.
Algo que hace sentir disminuidas a las personas de baja estatura es estar muy cerca de alguien y tener que mirarle hacia arriba. Por eso recomiendo que las personas chaparras dejen un espacio más amplio con respecto a su interlocutor, para que así ambos se miren de cuerpo completo.
También sugiero que las interlocuciones y reuniones se lleven a cabo sentados para que la diferencia de tamaño se note menos. Eso ayuda a dejar de lado las diferencias de estatura. Pero asegúrate de que los pies toquen el piso porque, si no, te sentirás como una niña indefensa en una silla gigante.
Aunque la estatura sobresaliente puede ser una ventaja, conozco muchas personas poderosas y exitosas que no son altas. Esas personas simplemente no piensan en su estatura.
Y una cosa más, respecto al diminutivo de ‘Andreíta’, creo que debes empezar a hacer lo mismo con tus colegas. Llamarles, por ejemplo, ‘Carlitos’.
También puedes hacer bromas o comentar que los animales pequeños viven más tiempo y se mueven mejor. Hay muchas ventajas en ser pequeño que a menudo olvidamos.
P. ¿Un simple cambio de postura puede provocar un cambio a nivel cerebral? (Viviana Moreno, Villavicencio, Colombia)
R. Cuando nos sentimos asustados o inseguros, caemos en posturas de indefensión, de colapso. Nos envolvemos en nosotros mismos, nos tocamos la cara y el cuello, jugamos con las joyas o con el pelo, encogemos los hombros, cerramos el pecho, respiramos de forma más breve y superficial…
En los seres humanos, ese lenguaje corporal proyecta señales de indefensión.
Asimismo, los animales, cuando se sienten asustados o están en desventaja, se muestran más pequeños o disminuidos.Todas esas son reacciones de indefensión.
Esas posturas no sólo envían señales de indefensión a los demás sino a nosotros mismos. Tu mente recibe mensajes a partir de tu lenguaje corporal, por ejemplo, de que puedes estar en una situación amenazante o en riesgo de ser atacado por un tigre.
P. ¿Puede nuestra postura afectar la secreción de ciertas hormonas? (Andrea Quiroga, Quilpue, Chile)
R. En una investigación realizada en 2008, se encontró una relación entre la postura y los niveles de testosterona y cortisol.
Sin embargo, dos estudios posteriores no replicaron los datos. Tampoco los contradijeron, pero no los confirmaron.
Por supuesto es decepcionante que los resultados de ese estudio no se pudieran replicar, pero creo que hay muchos componentes hormonales que desconocemos.
Por ejemplo, estoy muy interesada en observar elementos como la respiración, y cómo el hecho de abrir el pecho desencadena una sensación de relajamiento. Creo que este tipo de información llega a tu sistema nervioso a través de la postura, que le dice a tu cuerpo que en ciertos momentos estás en modo de ‘lucha’ o ‘huida’, y en otros momentos estás en modo de ‘descanso’ o de ‘relax’.
P. ¿Cómo se puede superar el miedo escénico? (Yazmin Martínez, Bogotá, Colombia; y Reynaldo Duran Villafaña, Bonao, República Dominicana).
R. Muchas de las personas que temen presentarse ante un público, son muy conscientes de su temor y ansiedad, incluso se mentalizan o se repiten a sí mismas lo nerviosas que están.
La mejor manera de enfrentar el miedo escénico, es cambiar la mente al modo de ‘entusiasmo’, es decir a lo positivo que puedes aportar. De esa manera, el desempeño es mucho mejor.
Cuando las personas se dicen a sí mismas que hay que calmarse, el miedo escénico se vuelve en su contra, porque cuando estás ansioso, no puedes modificar el nivel de excitación.
Lo primero y más importante es reconocer las situaciones que nos estresan y nos producen ansiedad para saber cómo enfrentarlas y cómo cambiarlas al modo de ‘entusiasmo’.
P. ¿Qué libros recomienda para aprender sobre lenguaje corporal? (Daniel Burrola, Chihahua, México)
R. No son exactamente obras exclusivas sobre el lenguaje corporal, pero son lecturas que recomiendo. La primera que se me viene a la cabeza es Quiet, de Susan Cain. Y también Tribe, de Sebastien Junger, que está muy bien escrita y argumenta sobre cómo la sensación de comunidad ayudó a la humanidad. Eso es algo a lo que aspiramos. Es fascinante.
Y cómo no leer a Jesmyn Ward, una novelista y poeta estadounidense que tiene una visión muy interesante sobre el efecto de la raza en la cultura, y que además escribe muy bonito. Su libro más reciente, Sing, Unburied, Sing, es ficción, pero enseña mucho sobre cómo somos las personas.
Nota del editor. Cuddy no lo menciona, pero en diciembre de 2015, ella publicó el título ‘Cómo hacer que tu yo más audaz te lleve a enfrentar los grandes retos’, que es también muy recomendable.
¿Es posible, a partir de la comunicación no verbal, persuadir a alguien para que tome una decisión o emita una opinión? (Adrian Giraldo Restrepo, Bogotá, Colombia)
R. La curiosa enseñanza sobre cómo ser persuasivo es que tienes que dejar de intentar de serlo. Esa actitud desencadena una dinámica en la que tú eres el actor y la otra persona es el recipiente u objeto.
El truco para ser influyente con la comunicación, paradójicamente, es callarse y escuchar. Tienes que asumir que no tienes todas las respuestas, porque escuchar no es sólo un acto de generosidad, sino un acto que te llevará a recopilar información útil.
Es una estrategia: si escuchas vas a entender mejor qué es lo que la otra persona sabe sobre el tema, cuál es su opinión, y esto te dará más datos y te llevará a establecer una relación de confianza.
El camino para ser influyente es escuchar, y entender que no estás cediendo poder al hacerlo.
Si te presentas como desafiante, eres una amenaza. Si actúas con seguridad y prudencia, significa que estás dispuesto a generar confianza, de esa manera tu fuerza se convierte en un halago y no en una provocación. (BBC Mundo)