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¡Seamos héroes!
Gustavo estaba destinado a ser un héroe, desde muy pequeño sintió que tenía una misión. Soñaba que multitudes gritaban su nombre y lo llevaban en brazos vitoreando y alzando su cuerpo.
Y es que cuando en su pueblo se desató una terrible epidemia de difteria que afectó a miles de niños, él fue el primero en la fila para ofrecerse y viajar kilómetros para ir por el medicamento que salvaría a aquellos niños. A pesar de las inclemencias del tiempo y viajar más de mil kilómetros a pie para buscar aquel medicamento que salvaría a miles de niños y niñas, lo logró. Y así fue que se convirtió en héroe. El precio le costó caro, Gustavo quedó inválido y sus piernas no soportaron las inclemencias del frío.
Después de ese día él parecía más alto y fuerte que nunca, era invencible. Era un héroe. ¿Qué te convierte en héroe? ¿Qué es un héroe?
Y es que si me pregunta usted, no sé si me gustaría cargar con esa piedra. “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, cita del padre de los máximos superhéroes de ficción. Así que, ¿estaría dispuesto a convertirse en superhéroe? Héroe de su propia historia o de alguna otra, qué más da, las leyendas de estos personajes siempre serán cuentos para contar, para guardar en la memoria.
En otro lugar del mundo, en Venezuela, Mariana se comportó como una verdadera heroína. Ella jamás imaginó que su vida cambiaría a partir de ese día. Durante una de las peores avalanchas de su país en donde miles de personas perdieron la vida, ella decidió que si salvaba aunque fuera una, esa era suficiente. Aquel día salvó a 37.
Agotada creyó que esa pesadilla había acabado pero al ver a lo lejos a una niña de 8 años Mariana no dudó y saltó en medio de las aguas llenas de troncos y piedras, su hazaña continuó a lo largo de la noche, así fue como logró salvar a cuanto niño y anciano se atravesaba por ese río enfurecido. Nunca se detuvo, su cuerpo se volvió imbatible y la adrenalina la hizo ir y volver una y otra vez. Fue condecorada con una medalla de honor al valor y hoy en día se sigue hablando de ella en cada pueblo de Venezuela.
Con Mario la historia no fue distinta, un joven valiente de Ecuador. 700 personas lograron salvarse de uno de los peores terremotos en Ecuador. Este joven logró rescatar de entre los escombros a cientos de personas, día y noche trabajó para lograr sacar a gente que se creía ya muerta. Su ímpetu y valentía inspiraron a muchos a seguir con la búsqueda de familiares y amigos, Mario no descansó y después de 5 días sufrió una severa deshidratación que le causaría la muerte.
Me faltaría espacio para continuar escribiendo sobre héroes anónimos que siguen en las calles haciendo pequeños actos que mueven a este mundo y hacen que sigamos teniendo esperanza. Me conmueve además saber que en cada una de estas historias que cuento el héroe fue un perro. Hagamos el ejercicio de reemplazar estos actos de amor a lo que nos han ofrecido los canes a lo largo de millones de años.
Sus antecesores, los lobos fueron poco a poco domesticados por el hombre. Se dice que los lobeznos se animaron a entablar relación con los humanos más pequeños y así fue como a lo largo de millones de años se logró la mejor de las alianzas. Ellos dieron ese primer paso, no nosotros. Los perros aprendieron a leer nuestros gestos, a anticiparse a nuestros pensamientos. Pero hubo más que comunicación; hubo apego.
Otros de mis héroes son los perros dedicados a cuidar de niños con discapacidades, capaces de detectar cualquier cambio de ánimo y anticiparse a un ataque de epilepsia o ansiedad. También están aquellos que visitan a enfermos terminales o asilos de ancianos. Hay otros valientes que se unen a la marina o cuerpos policiacos. Otros con una tremenda sensibilidad para acompañar a débiles visuales y ser sus ojos. No acabaría de mencionar cómo los perros han influido al ser humano, por lo pronto a mí me hacen sumamente feliz, respeto su lugar en este mundo y aprecio su compañía y entereza. Seamos más como un perro. ¡Seamos héroes!