Saltillo, belleza de altura

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Saltillo, belleza de altura

Foto: Vanguardia/Luis Salcedo
'Tus hijos y entenados te recorren entera, eres la hospitalaria, la samaritana, la que a nadie le cierras la puerta'

Texto: Carolina Martínez/Fotos: Luis Salcedo

 

 

Quién te vio y quién te mira, Saltillo. Calles que caminamos todos los días. Apenas apunta el sol y tus plazas ya recibieron la primera caricia de los barrenderos. Despiertas soñolienta y el rocío madrugador te lava la cara.

La noche fue larga, se te pintan las ojeras que deja la noche llena de luces y extravíos. En las pocas penumbras de tus calles se esconden amores inconfesables que tus hijos ocultan.

Por la noche te vistes de luz, son los diamantes que penden de tus lámparas mortecinas, el ámbar artificial de las luces comerciales, las ágatas en las que se convierte cada uno de tus edificios que te visten de gala.

Con cada cuenta decoras tu tocado tlaxcalteca, brillan a la luz de la luna con más elegancia que a la luz del sol.

Robas de Cuatro Ciénegas las esmeraldas de tus nagüillas y recoges en tu sonaja las piedras de las orillas de sus pozas.

Hasta tu corazón he llegado de rodillas, rendida a pedir tu consejo y tu cobijo, y me recibes ataviada de fiesta para empezar la juerga que termina cuando te quedas dormida.

Eres la dote de la novia, el joyero de la abuela, el abalorio más preciado de nuestro estado, quién te viera y quién te vio cuando remangas la camisa y empiezas a trabajar.

Desde las alturas es tu belleza infinita, tus hijos y entenados te recorren entera, eres la hospitalaria, la samaritana, la que a nadie le cierras la puerta. 

Foto: Vanguardia/Luis Salcedo
Foto: Vanguardia/Luis Salcedo
Foto: Vanguardia/Luis Salcedo
Foto: Vanguardia/Luis Salcedo
Foto: Vanguardia/Luis Salcedo