Ruletero saltillense agradece a Dios poder ser útil

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Ruletero saltillense agradece a Dios poder ser útil

Le digo que los taxistas son los mejores psicólogos del mundo.

Y esta historia, de un señor taxista, me llegó en un momento que… de esos en que a uno le flaquea la fe.

Me contaba el ruletero de marras que cierto mediodía ardiente que se encontraba recorriendo caminos de terracería, andaba rachando por el desierto, dijo, se topó con una y griega: eran dos brechas.

Una se veía solitaria y más escarpada; la otra, pareja y con rastros de neumáticos.

No sabe por qué razón, sería Dios, decidió el chofer adentrarse en el camino malo, feo, para averiguar a qué se debía que estuviera tan solitario.

No bien había avanzado unos kilómetros cuando vio venir a una pareja, un hombre y una mujer, caminando con el sol a plomo.

Con desesperación la mujer le hizo la señal para que se detuviera. Apenas lo tuvo cerca de la ventanilla le soltó que “¡auxilio señor!”, que a su esposo le había picado una víbora de cascabel y se venía muriendo.

Presto el taxista los subió a su vehículo y manejó a más de 100 kilómetros por hora en la terracería.

Al cabo de un rato llegaron a un hospital con el enfermo, de inmediato lo llevaron al área de urgencias y allí le aplicaron un antiveneno.

El taxista acompañando en todo momento a la esposa del mordido por la serpiente.

Al poco tiempo salió un hombre de blanco para avisarles que el paciente estaba fuera de peligro.

Y el chofer pudo marchase tranquilo a seguir su camino, no sin antes dejar algo de dinero a la pareja para lo que pudiera ofrecerse, dijo.

La mujer, esposa del herido, no sabía cómo pagar tanta generosidad del ruletero, y ofreció que se llevara a una de sus hijas, le dijo, pa que le ayudara a su señora en las labores del hogar.

El taxista se negó: “No, cómo cree seño”, y al contario, la bendijo y se retiró feliz de haber servido en algo, de haber sido usado por Dios.

Qué hubiera pasado si él no toma por aquella brecha abandonada, seguramente aquel hombre al que mordió el crótalo estaría muero, me decía el ruletero y no cesaba de bendecir y alabar a Dios por haberlo hecho un instrumento más.