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Recuperación económica: ¿cómo acelerarla?
Todos los análisis especializados, en México y el mundo, coinciden en que ya hemos dejado atrás el punto más bajo de la crisis económica derivada de la contingencia sanitaria provocada por el coronavirus SARS-CoV-2. En consecuencia, lo que debe seguir es la recuperación.
Pero la recuperación no es producto de la inercia, es decir, no surge de forma espontánea solamente porque las causas que provocaron la crisis han desaparecido, al menos en su mayor parte. Y esto es así porque la crisis dejó heridas que requieren cicatrización. Sin ello, la recuperación podrá registrarse pero no necesariamente en los niveles que requerimos.
En otras palabras, la variable que realmente importa no es el nivel de la recuperación sino la velocidad con la cual se registre. Y para acelerar ese proceso necesitamos comprender mejor lo que ocurrió y aprovechar las oportunidades particulares que tenemos para avanzar.
El comentario viene al caso a propósito del informe que el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) dio a conocer ayer y en el cual advierte que, aun cuando la economía de las entidades del País muestra signos de recuperación, solamente una de ellas, Campeche, está creciendo a un ritmo superior al que se esperaría si no hubiera ocurrido la pandemia.
Sin embargo, al hablar de crecimiento en el caso de Campeche, es preciso entrecomillar la palabra, pues lo que realmente ocurrió en esta entidad es que la tendencia de contracción que venía registrando desde el primer trimestre de 2012 fue revertida merced a la inyección de recursos fiscales a Pemex.
Así pues, en los hechos ninguna de las entidades del País está realmente creciendo como podría –o como se había proyectado– a partir de sus capacidades instaladas y eso requiere una respuesta puntual de parte de los sectores público y privado si realmente queremos avanzar con mayor rapidez.
En este sentido, el IMCO realiza algunas recomendaciones que deberían ser consideradas seriamente por parte de los gobiernos federal y estatales, entre otras, diversificar la economía hacia sectores de mayor crecimiento; revisar y redefinir la estructura económica de los estados; usar herramientas de subsidio para reorientar los cambios de actividades económicas en las entidades del País y abandonar la idea de “vocaciones productivas” porque esta se encuentra “anclada en el pasado”.
En general, el IMCO lo que propone es “encontrar ventajas comparativas y convertirlas en competitivas”, en cada entidad del País, como ruta para ser más eficaces en el proceso de recuperación y, en dicho proceso, hacer un uso intensivo de la información y los datos duros para lograr la meta.
Para todo mundo debería ser claro a estas alturas que salir del bache no será producto de la voluntad de una sola persona, de las buenas intenciones con las cuales se enfrente dicho reto o de la intuición privilegiada de alguien.
Si no se diseña una estrategia clara, y en la confección de esta no se emplean las técnicas desarrolladas a partir del conocimiento económico el proceso será, como ha ocurrido antes, lento y doloroso. Y nadie en su sano juicio desea ver otra vez esa película.