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‘Rebeca’
Un día después de su estreno el pasado miércoles, el remake del clásico ganador del Oscar a la Mejor Película de 1940, “Rebeca”, se situó en el segundo lugar de lo más visto de Netflix-México. Es cierto: De entrada es un buen gancho que lo protagonice una atractiva pareja como la que indudablemente forman la británica Lily James (“La Cenicienta”; “Baby Driver”) y el norteamericano Armie Hammer (“Llámame por tu nombre”; “Hotel Mumbai”), pero independientemente de la dirección de la cual ahondaremos más adelante, si en algo hemos hecho hincapié de forma recurrente en este espacio es que el mayor reto de una historia que ya se ha llevado a la pantalla con anterioridad es sorprender con una nueva forma de narrativa … y si en los primeros minutos de esta adaptación entre el primer encuentro visual con la imponente mansión de Manderley en donde se desarrolla la mayor parte de la trama es poco menos que burdo pues difícilmente algo bueno se puede esperar de lo que viene.
Y así sucede, porque acto seguido y de la voz en off que escuchamos dándole a Manderlay el peso argumental que tiene en la trama, nos trasladamos a Monte Carlo, aunque no se nos ubica en específico los atuendos y la ambientación nos sitúan entre la década de los 20 y los 30 donde se conocen un aparente millonario de la realeza británica con un traje amarillo mostaza llamado Maxim de Winter (Hammer) y una dama de compañía de una mujer de sociedad con apariencia de la pordiosera del inicio de “Mi Bella Dama” (George Cukor, 1964) de quien el “príncipe” en cuestión se enamora perdidamente en unos días y al llevarla a la mencionada mansión de Manderlay ubicada en la campiña inglesa se encuentra con que ahí habita de alguna forma el fantasma de la primera esposa de Maxim, Rebeca.
La lucha que entabla esta joven de origen humilde interpretada por Lily James contra el fantasma de la esposa muerta de su ahora esposo es el conflicto central de la historia original de la escritora inglesa Daphne Du Marnier, pero eso si bien lo tuvo muy claro el “mago del suspenso”, Alfred Hitchcock, cuando la llevó a la pantalla con toda la mano en la producción del célebre David O. Selznick (“Lo que el viento se llevó”) no por nada fue su debut con el pie derecho en la Meca del Cine porque captó que aunque la gran villana de la historia era su protagonista, Rebeca (de ahí el título) y no quien viene siendo su antagonista “al tomar su lugar” (de ahí que el personaje de la heroína no tiene nombre), la pareja en la que recae esta contienda debía de materializar con eficacia ese gran amor que reta al fantasma.
De ahí que no solo el casting del filme original fue glorioso desde una Joan Fontaine que si bien se supone era insignificante desde su origen se va moldeando hasta ser una digna rival de Rebeca, hasta el primer actor inglés Laurence Olivier que siendo ya “príncipe” de la escena teatral británica estaba que ni mandado hacer para interpretar a Maxime de Winter, los no menos relevantes personajes secundarios del ama de llaves Mrs. Danvers o el primo de “Rebeca”, Jack Favell, fueron figuras que sin caer en sobreactuación como tristemente lo hace la nominada al Oscar Kristen Scott Thomas (“El Paciente Inglés”) o el buen actor británico Sam Riley (“Maléfica”), entre el por demás accidentado y pantanoso inicio hasta el final “alternativo” que se nos presenta, con todo y blanco y negro la anterior la supera.
Dirigida por Ben Wheatley (“Free Fire”), la nueva versión se “Rebeca” demuestra que cuando una historia es buena puede llegar a ser obra maestra en manos de un eficaz director y mediocre en otras.
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