Rayados va al suceso, no al proceso

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Rayados va al suceso, no al proceso

En Rayados aún no tienen claro que ocurrirá después del domingo. La incertidumbre gira en su futuro futbolístico y no posee muchas opciones: ganar en Toluca y esperar si la Liguilla le hace un guiño.

Una hipotética y tempranera eliminación multiplicará las urgencias a corto plazo de un Monterrey que ha perdido el hambre de conquistas. Sólo registra un solo pasaporte a Cuartos de Final en los últimos cuatro torneos.

La última vez ha sido en el Apertura 2014, hace exactamente un año con Carlos Barra en el banquillo. Pese a sumar 2 de los últimos 18 puntos, Rayados terminó sexto gracias a sus rentas y, definitivamente, al efecto Pabón, constructor casi en solitario de la campaña al anotar, al menos, 9 oportunos goles que se tradujeron en 18 unidades.

Aunque esta clasificación cuenta, e incluso, alcanzó las Semifinales, ha sido más una ficción que una realidad sustentada en un balance satisfactorio. Futbolísticamente, el equipo no ofrecía garantías ni en los entrenamientos.

Con la llegada de Antonio Mohamed la directiva ha apostado a acortar la brecha entre el fracaso y la gloria, una distancia cada vez más dilatada.

El club ha intentado acelerar el proceso desde lo emocional más que desde lo estructural. Se ha focalizado en conseguir el triunfo inmediato, es decir, ante la ausencia de satisfacciones, ha cambiado las prioridades y el contexto lo ha orillado a tratar de llegar más rápido al título antes de fabricarlo.

Rayados hoy está enredado en esa desesperación. Necesita estímulos triunfalistas y señales de progreso al mismo tiempo, pero sigue apoyándose en proyectos emergentes. El club no ha tenido el reseteo que su decadencia deportiva le ha demandado en los últimos años. A cambio de frenar para construir desde la base, ha continuado para profundizar la crisis de resultados.

Y Mohamed, en todo caso, ha asomado en el horizonte albiazul como un supuesto factor de quiebre, pero siempre observado desde lo perimetral, desde lo superficial. No fue algo pensado desde el proceso, sino desde el suceso.

Sin embargo, el trabajo del DT hasta aquí no ha encajado dentro de las expectativas. Su aura, hasta ahora, ha sido insuficiente. No ha logrado imponer el efecto Xolos o América, unas de las razones por la que ha aterrizado en El Barrial. Su fama de hacer campeón a un equipo en corto plazo se está pulverizando en un Monterrey determinado por otras raíces, patrones y momentos.

A Mohamed le queda una esperanza de meter a Rayados en la Liguilla y hacerlo competente en dicho reducido. De no conseguirlo, habrá fracasado y le quedaría otro semestre de contrato para intentar proponer algo más convincente.

El entrenador argentino quiere dejar su huella y emigrar. Ya dijo en reiteradas ocasiones que su deseo es acomodar un trofeo más en las vitrinas de la institución y marcharse. Para conseguirlo no sólo ocupará refuerzos adaptados a su paladar futbolístico, sino promover el convencimiento.

La tirada de Mohamed es quedar bien, alimentar su currículum y que su paso por el club sea recordado con una fotografía al lado de la de Víctor Vucetich. Sin embargo, el riesgo siempre será de Rayados porque podría cometer el error de renovar el plantel y desprenderse de jugadores y extranjeros que le serían útiles y mejor explotados con un futuro entrenador.
El Monterrey está cerca de desperdiciar otro torneo en busca de su resurrección. Quizás Mohamed puede que al final del día le ofrezca algo, no se sabe, pero lo que sí está claro es que para recuperar un protagonismo sostenido, el camino elegido continúa siendo temporal e inadecuado.