Rayados desafía la impaciencia
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Rayados desafía la impaciencia
Rayados tenía que quitarle el tapón al escepticismo y descomprimir un ambiente cargado de interrogantes. Con el triunfo sobre Pumas, ha logrado anclar su primer propósito y enviar una señal revitalizadora. El equipo se sintió desafiado y respondió con el resultado.
Sin embargo, detrás del debut se esconden detalles que aún deberán fortalecerse para hacer de este Rayados un equipo garante y competitivo. La idea todavía está demasiado virgen como para derrochar entusiasmo.
Desde que el plantel pisó el estadio, mucho antes de comprobar el alcance de su juego, un grupo de aficionados le exigió una alta dosis de factor “h”. Los imprevistos y oportunos mensajes llovieron en la zona del patio del inmueble en momento que los jugadores abandonaban el autobús para internarse en el vestidor.
Esta escena no fue ni es un dato menor. La gente quiso avisar, de entrada, que la tolerancia se ha reducido al mínimo y que, al margen del futbol, la “actitud no se negocia”, una de las máximas de Mohamed que, paradójicamente, ha quedado en deuda en el semestre anterior. Durante algunos baches que ofreció el partido, el reclamo de meter más fue más unánime.
Frente a este contexto de alta presión y atado a prejuicios negativos, Rayados se vio obligado a ahuyentar los fantasmas. Y lo hizo con una mezcla de entrega y torpezas. Le ha costado canalizar el criterio por encima de la desesperación, sobre todo en una primera etapa floja, de trámite cambiante y escasas certezas.
Comparar las pretensiones de funcionamiento a las que aspira Mohamed con lo exhibido por su equipo lo separa una brecha.
La primera autopsia al debut tiene que ver con el modelo de juego. Mohamed parece tener masticado que su formato “oficial” será el 4-3-3, con Carlos Sánchez y Ayoví como volantes interiores capaces de cumplir en las dos facetas: la de obreros al momento de recuperar y estilistas para tejer y acompañar las misiones de ataque.
Ambos jugadores tuvieron un partido aprobatorio. Ayoví dispuso de un compromiso altamente rentable para la mecanización del sistema. Se movió con sentido común, tuvo marca, conexión y auxilió todo lo que pudo por la franja izquierda. No se le dificultó insertarse otra vez en el mundo Rayados.
Diferente fue lo de Sánchez, a quien todavía sus compañeros deben descifrarlo. Tiene mucho recorrido como para no ser explotado. Mohamed, pero sobre todo sus socios en el campo, tienen que ajustar las cuestiones de movimientos y lecturas. El uruguayo jugó a un ritmo distinto y cayó en las precipitaciones típicas de todo jugador que no está acoplado a la velocidad física y mental del grupo. Así y todo, no desentonó.
Rayados parece conservar el oportunismo que lo acompañó durante toda su ruta en el torneo anterior. El gol de Funes Mori fue la mejor prueba de que la contundencia sigue vigente. Cardona y Pabón, pese a las intermitencias y a algunas acciones de corte individualistas, suponen ser otra vez las valiosas e intimidantes armas de ataque.
Los cuatro del fondo no sufrieron sustos extremos, pero de ahí a ser una línea segura es considerable la diferencia. Existen lagunas por los laterales (sobre todo a la espalda de Castillo) y la sincronización todavía está en proceso de evolución.
Rayados, en definitiva, es un equipo experimentado y hoy se define por simples trazos (algo de manejo, repliegue, contraataque y oportunismo), pero debe tener en claro que, para convencer y convencerse, con propuestas austeras aún no le alcanza.