A Raúl Vera y Evaristo Madero

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A Raúl Vera y Evaristo Madero

Fábrica La Estrella fue una industria textil emblemática de México. Basta decir que su origen se remonta a 1578, año en que el capitán Francisco de Urdiñola estableció en su Hacienda del Rosario dos telares y un batán, aprovechando la corriente de agua de una de las primeras acequias de dicha propiedad, que es el origen del pueblo que luego se llamaría Parras, cuya fundación data de 1598, en las tierras pertenecientes a Urdiñola.

De ahí la importancia de los vinos y los textiles de Parras, tradición ancestral que perdura hasta la fecha, aunque una parte de ella se ha perdido tal vez para siempre, los textiles de La Estrella, emporio industrial construido a través de varios siglos de trabajo y dedicación, mismo que el obispo Raúl Vera López y el cacique Evaristo Madero Marcos se empeñaron en destruir.
Y aquí el obispo Vera va a entender perfectamente el análisis marxista del proceso histórico que vamos a plantear. La comparación de don Evaristo Madero Elizondo, el grande, constructor de La Estrella, contra la caricatura de su lejano sobrino, Evaristo Madero Marcos, destructor de esa gran industria textil.

Vasconcelos lo relata puntualmente en la “Biografía de un Patricio”, asimismo otros autores como Mario Cerutti y Abraham Nuncio se refieren a la hazaña de Evaristo el grande, dando auge a La Estrella, misma que el obispo Vera, Evaristo el pequeño y unos huelguistas irracionales lograron destruir.

Carlos Marx hace una comparación de hechos de la historia consumados por dos personajes disímbolos; Napoleón y su sobrino Luis Bonaparte, de ahí su famoso libro “El 18 Brumario”, que inicia con esa frase lapidaria que es todo un concepto, el de la tragedia y su contraparte, la farsa, en los personajes de la historia. Y eso es exactamente lo que ha pasado con los dos Evaristos. Uno, Madero Elizondo el grande, y el otro, su caricatura más patética, Madero Marcos el pequeño.

Dice Vasconcelos que don Evaristo nunca se enriqueció a la mala, que jamás abusó del poder para consumar negocios turbios, que tampoco recurrió al fraude ni al peculado ni al saqueo de las aduanas ni del Gobierno, tampoco al cohecho ni al mangoneo del sufragio.

Y eso es exactamente lo que Evaristo el pequeño ha hecho para consolidar su fortuna, manipular la miseria y burlar la justicia, abusar del poder, de la protección del Gobierno, del fraude y el peculado.

¿Qué ganaron los huelguistas con cerrar la fábrica? ¿Qué ganó Evaristo con instigar la huelga? ¿Qué ganó un obispo socialista con cancelar este centro de trabajo?

Don Raúl conoce al teólogo Reyes Mate, fundador del grupo Cristianos por el Socialismo, mismo que justifica que el proletariado cuestione a la Iglesia cuando está del lado de los ricos, pero también avala que los cristianos cuestionen el proceso político revolucionario cuando está viciado y, en este tenor, hay que preguntarle a Vera: ¿dónde ha quedado la justicia social prometida a los obreros de La Estrella? ¿No habrá montado el obispo Vera al régimen político de un cacique oportunista en las espaldas del proletariado? Porque ese cacique era alcalde cuando destruyó La Estrella, después fue recaudador y ahora quiere ser alcalde nuevamente. ¿Acaso instigará una huelga contra Parras Cone para “ayudar” a sus obreros? Don Evaristo el grande fue la epopeya, Evaristo el pequeño es la farsa. Habrá pues que escribir “El 18 Brumario de Madero Marcos”. Vale.