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¿Quién está cuidando a nuestros niños?
La pandemia generada por el coronavirus SARS-CoV-2, como escuchamos con frecuencia, ha provocado múltiples consecuencias indeseables en nuestras vidas. Y quienes más las recientes son, como ocurre casi siempre, los integrantes más vulnerables de la comunidad.
Una de esas consecuencias deriva, como informamos en esta edición, del cierre de las estancias infantiles que instituciones como el IMSS y el ISSSTE tienen habilitadas para que las madres trabajadoras puedan llevar ahí a sus hijos menores mientras acuden a su trabajo.
El problema no es el cierre en sí mismo, sino el hecho de que, debido a la pandemia disminuyó la oferta del servicio pero, para desgracia de quienes lo requieren, la demanda de este se ha mantenido esencialmente en los mismos niveles.
En otras palabras, las madres trabajadoras siguen requiriendo de un lugar a donde llevar a sus hijos durante su jornada laboral, pero estos se encuentran cerrados. La consecuencia lógica es que, debido a la necesidad del servicio, se han visto obligadas a buscar alternativas.
Y como ocurre cada vez que una demanda no es satisfecha por el mercado formal que provea el bien o servicio, han comenzado a proliferar estancias “clandestinas” o al menos “irregulares” que ofrecen a las madres una opción que no necesariamente es adecuada, aunque se ofrezca a un bajo costo.
Ana Karen Botello, representante de las estancias infantiles en Coahuila, dijo al respecto que ante la carencia de servicios formales, múltiples personas han “habilitado” sus propios domicilios como “guardería” u ofrecen el servicio de cuidados a domicilio.
El problema es que cuidar a un niño no es una tarea que requiera simplemente la presencia de una persona que “vigile” al menor, particularmente si es uno que se encuentra en sus primeros años de vida.
“Sí es una parte delicada porque el cuidado del niño no es tan sencillo como a veces parece y mucho menos en estos tiempos cuando son un poco más inquietos y tienen que estar siendo observados y supervisados todo el tiempo”, ha señalado Botello.
¿Qué implica esta realidad? Esencialmente que los menores están siendo expuestos a los riesgos que implica dejarles a cargo de una persona que no necesariamente tiene los conocimientos y/o la experiencia para llevar a cabo dicha tarea, lo cual puede traer consecuencias lamentables.
No es un asunto menor, sino uno de particular relevancia. Estamos hablando de cientos, probablemente miles de menores que no están recibiendo los cuidados requeridos durante el tiempo que no están con sus padres, lo cual puede afectar su desarrollo.
Frente a tal realidad cabría esperar que las instituciones públicas responsables de proveer este servicio desarrollen una estrategia tendiente a reanudar cuanto antes su actividad y que para ello reciban, desde luego, todo el apoyo requerido por parte de las autoridades sanitarias a fin de garantizar las condiciones de operación a que obliga la pandemia.