¿Quién escuchó a José Ángel?
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¿Quién escuchó a José Ángel?
En el documental “Bowling for Columbine”, sobre la masacre de 12 estudiantes y un profesor en Estados Unidos y la cultura del miedo en aquel país, Michael Moore le pregunta al rockero Marilyn Manson, el principal blanco para culpabilizar del ataque de Eric Harris y Dylan Klebold, qué les hubiera dicho a los jóvenes si los hubiera tenido enfrente. Manson, en una respuesta digna de tesis doctoral, respondió: “no les habría dicho una sola palabra. Escucharía lo que ellos querían decir, y eso es lo que nadie hizo”.
La frase de Manson fue lapidaria. Y 20 años después lo sigue siendo.
Más allá de echar culpas: videojuegos, violencia en televisión, neoliberalismo, desatención de padres, contexto familiar, bombardeo de violencia, nacer y vivir en medio de una guerra, etcétera, etcétera y un largo etcétera, habría que cuestionarnos lo que respondió Marilyn Manson: quién escuchó a José Ángel, el niño de 11 años del Colegio Cervantes que mató a una maestra, hirió a cinco alumnos y un profesor, y después se suicidó.
¿Quién lo escuchó? ¿Qué tenía que decirnos? ¿Qué guardaba? La comunidad académica habla de un excelente alumno; “brillante” –dijeron– entre otros calificativos. Por eso, un tuit que leí a propósito de los hechos en Torreón: más allá de revisar mochilas, hay que revisar el alma de los niños, hay que escudriñar en su corazón, hablar con ellos, revisarles la mente.
La playera, la fotografía, los videojuegos, blancos que como Marilyn Manson no son suficientes para entender un fenómeno, y parecieran una excusa para abordar responsabilidades como sociedad. Se habla de operativo mochila, de la negativa del colegio y los padres de familia a la revisión, pero ¿quién revisó el alma del niño? ¿Quién revisó su salud mental? ¿Sus miedos y su sentir?
Tenemos que hablar. Enfrentarnos, sacudirnos, espabilarnos, agitarnos. Tenemos que hablar. Tenemos que escuchar.
AL TIRO
A inicios de semana, La Laguna fue zarandeada con la notica de Carol, una niña de cinco años que fue matada a golpes por su padre, en la ciudad conurbada de Lerdo, Durango. Conforme corrió el caso, nos enteramos que vecinos y vecinas sabían de las condiciones de Carol, quien inclusive les había llegado a pedir comida. Y nadie hizo nada. Ahora la Laguna termina la semana sacudida con los hechos del colegio Cervantes. En los dos casos hay menores, niños. Cinco años, 11 años.
Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia (Redim) de 2006 a la fecha han muerto 19 mil niños, niñas y adolescentes a consecuencia de la guerra contra el crimen organizado. Pero ahora no sólo mueren, también matan y se suicidan.
La violencia familiar en México y Coahuila se ha disparado: Coahuila ocupa el sexto lugar del País con la mayor cantidad de carpetas abiertas por el delito de violencia familiar, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Hasta noviembre de este año sumaban 10 mil 12 expedientes, 9.5 por ciento más que el mismo periodo pero de 2018. Hasta lo que ha dicho la Fiscalía de Coahuila, el menor agresor vivía con sus abuelos paternos, su madre falleció años atrás y su papá no vivía con él.
Hace 10 años, en Torreón, pistoleros atacaron a disparos el bar Ferrie, las Juanas VIP y la Quinta Italia Inn, matando a más de 30 personas, muchos de ellos jóvenes. Diez años después, un chico de 11 años disparó en su colegio, mató a su maestra y luego se quitó la vida. Otra vez la ciudad se paralizó, se inmutó y –hay que decirlo– se escondió.
¿Quién escuchó a José Ángel? Por eso tenemos que hablar, tenemos que escuchar.