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¿Qué es exactamente la Universidad?
Preciso saber si lo siguiente encierra algún significado, o es una circunstancia inocente y meramente azarosa.
Hace 20 años, en 2001, José María “Chema” Fraustro Siller culminó un doble periodo como Rector de la Universidad Autónoma de Coahuila.
Luego de eso, ocupó distintos puestos en la estructura gubernamental del Estado hasta que el Partido Revolucionario Institucional, viendo que es un derroche de carisma, lo hizo diputado local en 2014 por el Distrito III, asumiendo además la presidencia de la Junta de Gobierno de la legislatura correspondiente, la LX.
De allí pasó a fungir como Secretario de Gobierno del actual gobernador, Miguel Ángel Riquelme, hasta hace unos días cuando su partido lo llamó nuevamente al servicio: “¡Chema, el PRI te necesita! ¡Prepara tu mejor sonrisa y ese encanto electoral irresistible! ¡Vas por la Alcaldía de Saltillo!”.
Chema Fraustro Siller bajó por los Chema-tubos, hasta la Chema-Cueva, abordó su Chema-móvil y ahora hace alarde de su angelada personalidad, en videos colgados en redes sociales, bailando con una soltura y gracia que me hace ver a mí como el hijo que tuvieron Fred Astaire, Travolta y Chayanne (¡Chema-mó!).
Pero Chema candidato, realmente no es lo que hoy nos ocupa, sino el observar cómo para don Chema fue la Rectoría de la UAdeC apenas la plataforma para su siempre ascendente carrera en el servicio público, militando en todo momento del lado de los vencedores, vistiendo la casaca ganadora -¿cuál otra?- la del Tricolor.
Por su parte, en trayectoria casi especular, el recién reelecto Rector de la referida UAdeC, Salvador Hernández Vélez, ocupó antes diversas subsecretarías en el Gobierno del Estado; fue además tres veces diputado local, obviamente por el Revolucionario Institucional, partido del que incluso llegó a ocupar la dirigencia estatal.
Y no son ni por asomo, los de don Chema y don Chava, los únicos casos de esta curiosa retroalimentación: La Rectoría ha dado hasta algún Gobernador y un montón de minions al servicio de la causa tricolor. A su vez, los que llegan a la Rectoría son por regla más que afines, incondicionales del Gobierno en turno y del PRI.
Por lo que, si se estaba preguntando si es la UAdeC un semillero de prominentes priistas, o es acaso el partido inagotable veta de prospectos para ocupar la Torre de Rectoría, la respuesta es: Ambas cosas a la vez, simultánea y complementariamente: El alma máter se nutre del partidazo y viceversa.
Muy bien, pero... ¿Ello qué significa? No lo sé, dígamelo usted. Yo sólo recuerdo que desde que soy chamaco, incluso antes de ingresar a la Máxima Casa de Estudios a cursar el bachillerato, he escuchado en forma recurrente una misma frase, casi sin variaciones: “La Universidad es la caja chica del Gobierno del Estado”.
Creo incluso que la primera vez que la escuché no estaba del todo seguro de lo que significaba, aunque tenía mis sospechas. Treinta años después las he corroborado sobradamente.
Y aunque la estrecha y malsana relación entre el Poder Ejecutivo y una institución educativa que se presume autónoma, ha estado desde mis mocedades en entredicho, fue durante el voraz régimen moreirista que se reportaron desaseos financieros a gran escala y sobre los que se respondió con total impudicia y desparpajo.
Fue durante la pasada gestión, la del ex rector Blas Flores Dávila, que la Auditoría Superior del Estado detectó irregularidades en el ejercicio de más de 3 mil millones de pesos.
Tampoco sé si resulta inexplicable o por el contrario, no es de extrañarnos en absoluto, que el mismo Flores Dávila, arrastrando este hedor administrativo desde su paso por la Rectoría, sea hoy el genio contable al frente de la Secretaría de Finanzas del Estado -¡y vaya que nos está costando carísimo!-.
Pero claro, en caso de existir en la Universidad un boquete financiero que disimular -como todo lo concerniente a las finanzas públicas de los sexenios de los hermanos Macana (Moreira pues)- lo mejor es siempre conservar en esa esquina, un soldado incondicional del régimen estatal y Hernández Vélez, con su trayectoria tricolor, es la persona idónea. De manera que contendió sin contrincante, sin candidato opositor, sin adversario para reelegirse Rector, porque -¡admitámoslo!- la Universidad es una posición estratégica que el poder hegemónico no se puede dar el lujo de soltar
La prueba de que Universidad, Gobierno comparten ADN es que constantemente se están trasfundiendo sangre colorada del más puro priismo, de aquí pa’allá y de allá pa’acá; y al mismo tiempo siguen entregados a su incesante fornicio político financiero, lo que sólo contribuye a la opacidad de una institución que debería ser ejemplo de transparencia y de credibilidad.