Prosa que a ningún sitio va

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Prosa que a ningún sitio va

1. La esencia que flotaba sobre la recámara se fue. Me había susurrado su nombre en el hemisferio derecho de mi cabeza, mientras yo yacía en medio loto con los ojos cerrados. Tenía necesidad de hacerse presente. De alguna manera se presentó en el aniversario de la muerte de mi padre con su esencia de destierro. Hubo algo de miedo. Luego aceptación. Después de todo, al lado izquierdo tenía tres reliquias de mi padre; qué mejor protector que él.

 

2. Mis dioses son de humana carne, de polvo estelar, de clorofila, de bramidos, vuelos, escamas y sílices. ¡Estoy rodeada por la divinidad! ¡Ventura!

 

3. Dicen los iluminados -y dijeron en vida-, que el amor es la vía de liberación. Sin embargo,  quienes han transcrito estos preceptos en libros, también dan validez a las guerras santas; así ocurre claramente en al menos dos religiones organizadas. Entonces el hombre -pues han sido hombres quienes redactan estos textos-, convierten en ley el aborrecimiento a la diferencia. Por tanto esa ley permite la abominación, la expulsión y la muerte. ¿Acaso aquí hay algo de amor?

 

4. Una lágrima involuntaria -de esas que salen cuando uno despierta-, emergió del ojo derecho al amanecer. Eso me hizo recordar la gota que cristalina que liberó el ojo de mi padre mientras yacía moribundo. Somos uno.

 

5. Aderezar con vida y experiencias una opinión, pues la virtud sola es cruel, implacable y causa dolor.

 

6.La araña que vive entre las lavandas tiene un imperio. Hace arcos de medio punto que ocupa unos días y luego abandona mientras entreteje oes o emes que traspasa el viento. Luego se queda inmóvil. He contado tres abejas inertes que brillan en sus translúcidos féretros.

 

7. «Quien desea pero no actúa, engendra pestilencia.», así dijo William Blake. ¿Será que seguimos en esas aguas estancadas?

 

claudiadesierto@gmail.com