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Proloquios mexicanos


Por tierras del Bajío anduve hace unos días. Esa región es rica en dichos y dicharachos, y como mis anfitriones de esta vez sabían de mi afición por los refranes me tenían ya preparados algunos muy sabrosos. Hoy los comparto con mis lectores, pues “El que no comparte no merece”.
 
                   - “El buen gavilán no chilla; nada más papalotea”.
                   Lo usan los rancheros que tienen hijos varones pequeños cuando éstos van a llorar por algo.
 
 — “La mujer y la gata, de quien la trata”.
                   Significa que con trato frecuente, sobre todo si es bueno, se consigue enamorar a una mujer.
 
— “Mejor un ‘¡Cabrón!’ a tiempo que un sermón mal deletreado”.
         Quiere decir que sirven más las palabras claras que los circunloquios.
 
—“No porque me vea en guaraches piense que soy guarachero”.
           Equivalente campirano de “El hábito no hace al monje”.
 
Y otros refranes que no necesitan ninguna 
explicación:
 
“Un gato que se ha quemado, al ver la ceniza corre”.
 
 “Vive como el zopilote: a costa de ruina ajena”.
 
 “Comida hecha, compañía deshecha”.
 
 “No compongas el altar pa’ que otro diga la misa”.
 
 “Los consejos no pedidos los dan los entrometidos”.
 
 “Échenle copal al santo, aunque le jumeen las barbas”.
 
 “¡Que beban agua los bueyes, que tienen el cuero duro!”.
 
 “Más abrigan malas copas que buenas ropas”.
 
 “No le tengas miedo al chile aunque lo veas colorado”.
 
 “Al hablar, como al guisar, pon un granito de sal”.
 
 “A l’ora de freír frijoles manteca es lo que hace falta”.
                  
“Para un corazón herido, un Cristo crucificado”.
 
Y éste último, sabroso, que oí antes en labios de mi abuela Liberata:
“La mujer por lo que valga, no por la nalga”.