Presidente polarizante
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Presidente polarizante
En mi teoría del derecho sostengo que la “juricidad” del derecho no está en su poder de castigo, de coaccionar su cumplimiento. Al contrario, es el cumplimiento voluntario de la gran mayoría de los ciudadanos lo que caracteriza al derecho.
Por esta poderosa razón, resulta especialmente preocupante y peligroso que el Presidente de la república esté convertido en un polarizador de la sociedad. A paso lento, pero seguro, Andrés está sembrando una tempestad que nos podría llevar a la temida inestabilidad social que hemos rehuido durante décadas.
Se fortalece en mi otra teoría. Que los pueblos están gobernados por sus traumas. Los americanos por la guerra civil norte-sur; los rusos por los 20 millones de sacrificados por la segunda guerra mundial. En México, sigue vigente el fantasma de la Revolución Mexicana que costó un millón de vidas. Por eso tanto subsidio, por eso la tolerancia excesiva. Por eso la ineficacia de la justicia.
¿Por qué durante varios sexenios se subsidiaron partidos de izquierda que no tenían base social? En aras de garantizar estabilidad. ¿Por qué se toleraron maestros extremistas e ideológicos dando clases a los niños mexicanos? Para evitar inestabilidad social. Pues ahora toda esa “inversión” se fue al caño.
Andrés sigue siendo el activista radical de siempre, solo que ahora porta la banda presidencial, lo cual multiplica su peligrosidad. Eso de homenajear a los atacantes del cuartel de Maderas, Chihuahua, es muestra inequívoca de la aberrante visión que alimenta sus acciones. Estos dislates polarizan al País y nos dividen profundamente.
No estamos frente a un hecho aislado o accidental. La polarización aparece una y otra vez como trasfondo de las decisiones que día con día toma el Presidente. Su errónea caracterización del neoliberalismo económico como la causa de todos nuestros males es otra muestra de la deformación de sus esquemas mentales.
Polariza cada vez que legitima la lucha de pobres contra ricos. También cuando promueve legislación o iniciativas en las que “los de abajo” pueden cometer delitos sin temor a ser castigados. Polarizar al estilo de Andrés nos lleva a un odio de clases totalmente desgastante. Antes que resolver problemas sociales, los fomenta o los agranda.
Pareciera que Andrés trata de infundir asertividad entre los marginados de este País. Si eso fuera será genial. En realidad, sin embargo, no motiva al pueblo a superarse. Regala dinero a cambio de nada. Compra amor, así de simple.
En serio no se da cuenta que los homenajes públicos del gobierno a los guerrilleros de los setenta, los motiva a los jóvenes a radicalizarse? Perdón, pero no se puede entender de otra manera.
Andrés polariza cuando tratar de superar el trauma de la guerra sucia. Ahora los jóvenes mexicanos tienen una misión presidencial: cobrarse las supuestas injusticias a lo chino.
El Presidente polarizador está sembrando tempestades en cada lugar que visita, en cada conferencia de prensa que ofrece. Y si el tiempo no le alcanza, deja que sus legisladores incondicionales avienten iniciativas a diestra y siniestra, casi todas animadas por un sentimiento de odio social.
Nótese que la polarización de los mensajes presidenciales lleva fines electorales posteriores. Igual que Chávez repartió fusiles a miles de seguidores, Andrés reparte billetes y veneno contra los de arriba. La fórmula es peligrosa y costosa. Dar reversa al veneno costará todavía mucho más cuando el gobierno regrese a la normalidad, si acaso el daño no se vuelve irreversible.
La ceguera empresarial que veo es que si bien se reclama el maltrato a la memoria de don Eugenio, no se le está dando la importancia necesaria al efecto polarizador del veneno social que Andrés disemina a diario.