Como no podía dormir me dije, “una peli mexicana contemporánea es lo ideal para anestesiarme”. Pero a falta de algo con Omar Chaparro, Luis Gerardo Méndez, un Derbez o Regina Blandón, me puse a ver “El Baile de los 41”.

Luego de un rato quedé pensativo, como ese meme de Homero Simpson desconcertado: “¡No… esta peli no trata de un concurso de baile y de cómo lo ganan estos muchachos!”.

El caso es que en vez de conciliar el sueño me quedé viéndola hasta el final, lo que al menos motivó en mí algunas reflexiones sobre política y LGBTT, mismas que tenía la intención de compartir hoy en este espacio. ¿Pero qué cree?  Pues nada, que irrumpió en el contexto electoral nacional, justo en su recta final, la última pieza de artillería propagandística del muy mediático senador con licencia y aspirante a la Corona del vecino Nuevo Reino de León, tierra de los tele payasitos y telemuñequitas, Samuel ‘el Sammy’ García.

Se trató de un ‘redoux’ del jingle que ya nos había recetado en Navidad, mismo que, entre burlas y ‘hate’, cumplió sin embargo su cometido de mantener al hoy candidato muy ‘trendy’ en redes sociales, espacios noticiosos y el cíber-espacio en general.

Pero para la nueva versión recargada de su éxito “¡Ponte nuevo, ponte león…!”, Sammy se armó con algunos conocidos exponentes de la música nuevoleonesa, como el grupo Genitallica, Jonaz de Plastilina Mosh, Pato Machete, los ex compañeros del finado Celso Piña, el vocalista de Tropical Panamá; además de la mascota del partido postulante, Movimiento Ciudadano el niño Yuawi (“movimiento naranjaaa...”), aunque como buen ‘child-star’, va perdiendo gracia conforme crece.

El video cosechó de inmediato millares de vistas y opiniones de toda índole, generalmente desfavorables; lo normal puesto que se trata de propaganda electorera y eso basta para generar rechazo.

Lo que más duramente acusaron los cibernautas fue la presencia de los artistas mencionados, ya que varios de estos formaron parte, durante la década de los 90, de un movimiento que se llegó a conocer como Avanzada Regia: Una camada de músicos nuevoleoneses que por un tiempo gozaron de la predilección de los veinteañeros de entonces (y que ahorita deben estar ya esperando la vacuna); gente para la que hoy debe significar algo todavía aquella corriente musical y que tal vez se decepcionó de ver a sus viejos idolazos al servicio de un politiquete y, para colmo, uno especialmente asno.

Todo esto es sólo el antecedente. La discusión real se dio entre quienes piensan que estas colaboraciones son ‘una chamba por la que se cobra y punto”, y quienes creemos que el artista está comprometiendo algo más que sólo su música, bajo la promesa de que ello le va a redituar mucho más que sólo un cheque, en el futuro.

Una cosa es grabar un jingle para cualquier candidato o partido, desde el total anonimato; pero es muy distinto, como celebridad, prestar voz e imagen sobre todo, al servicio de una candidatura o proyecto político.

Cantar cualquiera lo hace, no es difícil conseguir quién lo haga eficientemente. Pero si contratamos a una celebridad, lo que queremos de ésta es el espaldarazo de lo que representa, para conectar con su público, sus seguidores o cuando menos hablarle al segmento que constituye su mercado.

Es lo que hace una pasta de dientes, detergente, marca de autos o de sopa instantánea. No necesita quién cante, sino un portavoz.

Para el artista constituye un riesgo, sin embargo. Luego si el político que apoyó resulta un loco, le van a estar recordando el asunto como un trapo sucio y bochornoso. 

La imagen de algunos artistas constituye un patrimonio muy valioso como para tomar riesgos. Por eso, cuando Trump utilizaba en campaña un tema de los Rolling Stones, estos desautorizaron su uso. Luego, el evento inaugural que suele ser un desfile de artistas de primera línea, no convocó a nadie memorable en el caso de Trump. Obvio, cuando se trata de un hombre repulsivo al que solo ensalzan los pendejos que quieren sentirse más listos que el resto. Es mejor no arriesgarse… a menos que valga mucho la pena.

Reitero: La canción es lo de menos. Lo relevante en este caso es que la veterana Avanzada Regia, ídolos de una generación de norestenses, está apoyando al pintoresco García y señora, desde luego.

Es perfectamente legítimo, de hecho. La cuestión es que rara vez política y celebridad se juntan sin intereses ulteriores. Aunque hay que darle el beneficio de la duda, de que el artista puede apadrinar una candidatura con la más desinteresada convicción. Pero la regla dice que estos favores se cobran, como tantos otros compromisos de campaña, una vez que el aspirante alcanza el cargo anhelado. Y allí sí, empieza a beneficiarse a todos los proveedores de la campaña con contrataciones, chambas y a veces hasta con candidaturas, cargos y puestos en la estructura gubernamental.

Juanga no grabó un jingle para la candidatura presidencial del priista Francisco Labastida porque necesitara dinero, sino porque su mala situación fiscal lo tenía hasta el cogote. Belinda cantó en la toma de protesta de AMLO y hoy su hermano es candidato a no sé qué, con no sé cuáles méritos. Y así…

Ni estoy diciendo que tenga que ser así siempre necesariamente, ni que sea el caso de “Sammy y Amigos, Feat. Avanzada Regia”, pero sí, desconfíe siempre que una celebridad de cualquier ámbito, incluso de los deportes, le dé el espaldarazo a un polaco, porque eso no se factura, pero bien que se cobra.

¡Póngase vivo, póngase león!

PD. Le debo la reseña de “El Baile de los 41”… de la película, por supuesto, no del baile.