Pobreza y Coneval
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Pobreza y Coneval
Durante años, se han hecho esfuerzos por vincular desde diferentes análisis a la pobreza extrema. Desde el ámbito rural hasta el urbano, se ha tratado de ver a la pobreza -sobre todo a la de características extremas-, como un fenómeno que trae como consecuencia exclusión social y desigualdad.
Definitivamente las condiciones de pobreza atentan contra la dignidad y la autoestima de las personas y, por otro lado, manifiestan la incapacidad de los gobiernos de garantizar por igual necesidades que se requieren para la propia existencia.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios…”. Además, en el año 2000, durante la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, 189 líderes firmaron un acuerdo sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
En América Latina, las condiciones de pobreza y privación social persisten en el marco de procesos globales y cambios socioeconómicos ocurridos durante las últimas décadas. Esto, en lo general, ha generado incertidumbre en los ciudadanos, y en lo particular, ha afectado las condiciones y expectativas de bienestar que han provocado debilitamiento en los lazos sociales y en las relaciones de pertenencia, alterando dinámicas familiares.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza disminuye más lentamente en México que en otras naciones de Latinoamérica. En nuestro País las cifras de CEPAL, organismo regional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), indican que la pobreza afecta a 35 de cada 100 personas. Para el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en el 2012 la pobreza afectaba a 51 millones 993 mil mexicanos, que representan 46.2 por ciento de la población del País.
Lo señalado el lunes pasado por el Coneval -sin ahondar en las razones ni en los porqués de la renuncia-remoción del anterior titular-, indica que durante los últimos diez años solo tres millones de mexicanos salieron de pobreza extrema (dato que se torna a burla por la ineficacia de los gobiernos) y únicamente 5.9 millones ingresaron a la pobreza moderada. Esto se puede traducir como un estancamiento en las políticas públicas encaminadas a disminuir la pobreza (Cruzada contra el Hambre, por ejemplo, o Pacto por México, por mencionar las más recientes). Hoy, 52.4 millones de personas son las que transitan entre la pobreza y la pobreza extrema.
Para el Coneval, la pobreza es multifactorial. Hoy sabemos que una persona vive en pobreza extrema cuando el ingreso de su familia, de cuatro integrantes, es de 6 mil pesos o menos al mes, lo que por consecuencia no le permite adquirir la canasta básica alimentaria.
Considero importante trabajar para que las tareas gubernamentales en materia de combate a la pobreza no se realicen de manera aislada; es prudente actuar coordinadamente con los distintos órdenes de gobierno, además de acudir a las universidades y a la sociedad civil organizada para establecer vínculos de cooperación para lograr estos objetivos tan trascendentales.