Piso de caguama

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Piso de caguama

Los ladrillos que se gestan en Saltillo son de una tradición añeja. La arquitectura norestense se expresa de formas diversas, y el rojo ladrillo de la ciudad capital es una manifestación que otorga una fuerte identidad visual no solo a Saltillo, sino a pueblos del desierto como Viesca, por mencionar algunos.

Uno de los exponentes de esta producción artesanal de calidad y con visos industriales, fue Jesús “el Charrito” Garza Arocha, quien se destacó por diversos diseños y componentes para la conformación de ladrillos y pisos de baro con calidad de exportación. Él creó la marca "Saltillo Tile", premiada en exposiciones internacionales.

Según el testimonio del ingeniero Filiberto de las Fuentes. Un gran amigo de “el Charrito”, dentro de la producción de pisos, había un elemento que dejó de producirse. Le llamaban “la palanqueta”, pues cada pieza era como un rectángulo o un cuadrado de aspecto sumamente grueso para recubrir pisos; su color era semejante a una palanqueta de cacahuate o de semillas. 

La “palanqueta” se hacía con botellas y restos de vidrio que se recolectaban en montículos de deshechos. Allí tuvieron destino muchas “caguamas” y otras botellas de contenido etílico. Este mote resultó luego de que don Filiberto, uno de los compradores, al llevar la caja de la camioneta llena de este tipo de piso, hiciera un alto en una céntrica esquina de Carranza y Bravo, en Saltillo. Allí, una voceadora de periódicos le dijo: “ deme un pedacito de dulce, ándele”, y al preguntarle que cuál dulce, expresó: “ de esas palanqueta que trae”. También, recuerda, se le conocía como “piso de caguamas” por los materiales usados.

Toda la casa de don Filiberto está hecha de ladrillo generado por “El Charrito”. El exterior de su casa está formado por ladrillo el le llamaba “barrita” -el más fino- y las divisiones internas de los muros son de “cuacha”, un ladrillo de barro rojo más grande que la barrita.

Recuerda que en una ocasión, estaba en su panadería, a donde llegó don Jesús y le dijo: “vente, ayúdame, tengo un problemón en la ladrillera”. Y yo le contesté: “pues en qué te puedo ayudar si yo no le entiendo a eso, soy panadero”. Ya exaltado me dijo: “ya vente”. Entrando a su auto exclama: “nomás perate tantito, traite tu formula de tus bolillos”. Le contesté: “¿Pa’ qué?”. Y respondió: “es que tus bolillos salen muy duros y mis ladrillos muy blanditos”.

Así de bromista era, recuerda el ingeniero de las fuentes, don Jesús Garza Arocha, quien dejó un legado para la arquitectura que se suma a la tradición ladrillera nacional. Su legado, “Saltillo Tile” todavía sigue dando frutos.

 

claudiadesierto@gmail.com