Parras, la poderosa estupidez
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Parras, la poderosa estupidez
Dice don José Luis Romero Apis que la estupidez es poderosa por la sencilla razón de que puede dañar a muchos. Y en efecto, un estúpido en el poder puede ser causa de más estragos que un enemigo inteligente y, por eso mismo, nunca debemos subestimar la actuación de los necios, más aún cuando llegan al Gobierno electos por una mayoría inconsciente, porque siempre estaremos expuestos a los riesgos de su pendejez.
José Luis Romero Apis es un abogado, político, periodista y catedrático, un Tocqueville mexicano. Su último libro, “El jefe de la banda”, es un prontuario de la ciencia política que nos ayuda a comprender la difícil realidad en que vivimos los mexicanos.
Que una mayoría inconsciente elija a un mal gobernante lo tenemos presente en el caso de Vicente Fox, asimismo, con Javier Duarte en Veracruz o en el de Cuauhtémoc Blanco en Cuernavaca. En Coahuila tenemos el caso específico de la elección de un auténtico neófito político para Alcalde de Parras: Jorge Dávila Peña, alias el “Coco”, un apodo muy festejado por los viciosos que lo acompañan en el poder.
Y no sólo hay estupidez al elegir a un mal gobernante, también hay degradación de los electores por escoger a un personaje inferior; hay perversión en la mayoría que da preferencia a lo que vale menos en contra de lo que vale más, lo dice con toda razón Romero Apis.
Y las consecuencias de que un pendejo llegue al poder las pagamos todos, los estúpidos que lo eligieron y también los pendejos que lo aguantamos. Y la evidencia está ahí para mirarla: el sexenio perdido de Fox; el desastre de Duarte en Veracruz; la inutilidad del “Cuau” en Cuernavaca y el desgarriate del “Coco” Dávila en Parras.
Y es precisamente en Parras donde podemos comprender mejor algunos conceptos de la teoría del poder expuesta por Romero Apis.
Para empezar, hay que señalar que en Parras vivimos el Estado perfecto de la nulidad política, donde un adulto chiquito, Jorge Dávila Peña, se conduce con la mente de un niño que no reconoce frontera alguna entre lo imaginario, como Batman y Santoclós, y lo real, que son las consecuencias desastrosas de su mal gobierno.
Y es que el desastre del “Coco” se debe a tres razones principales; a su impotencia, a su ignorancia y a su indolencia política. La impotencia de Dávila Peña deriva de su propia debilidad, porque no tiene capacidad y carece de liderazgo.
La ignorancia proviene de su falta de oficio político, de pericia, de aptitud y porque no está consciente de su encargo constitucional. Asimismo, su indolencia deriva de las pocas ganas, de su nulo esfuerzo, de su manifiesta inclinación por el vicio y porque se deja mangonear por su alter ego, un lenón apodado el “Caballo”, con quien comparte el poder municipal.
Cabe mencionar que recientemente, un grupo de familias indignadas le fueron a reclamar el que haya convertido el centro histórico en una zona de tolerancia; el Alcalde argumentó que los burdeles representaban fuentes de empleo.
Y debido a esa poderosa estupidez es que hoy en Parras tenemos un desastre, con un centro histórico donde imperan el vicio y la prostitución, la suciedad y la basura, donde apesta a grasa, a orines y a excremento, signos inequívocos del desahucio, la miseria y la degradación. Y de verdad que es una vergüenza que los parrenses, como niños chiquitos, le sigamos teniendo miedo al “Coco”.