Los puristas ya la quieren crucificar y le han tirado desmedido ‘hate’ a la chiquilla que, entiendo, apenas tiene 17 años

El lunes 18 de agosto de 1969, Jimi Hendrix cerraba -con un día de retraso con respecto a lo programado- el mítico Festival de la Música y las Artes de Woodstock.

Es uno de los momentos icónicos en la breve carrera y corta vida del legendario guitarrista, su interpretación de “The Star-Spangled Banner”, es decir, el himno de los Estados Unidos de Norteamérica.

Con su Fender Stratocaster a tope de saturación y distorsión, Hendrix se apegó a la melodía durante los primeros compases para, más adelante, dar rienda suelta a una fuerza mucho más salvaje, una agresividad acústica que de acuerdo con algunos opinólogos evocaría el poderío militar de los EEUU en plena acción bélica.

Esta interpretación tendría, desde luego, una intención crítica, nunca apologética, de la política exterior (también al interior) del gobierno norteamericano. Es decir, no habría sido un gesto patriótico, al menos no como una declaración de orgullo, sino de protesta.

Por supuesto, aquello derivó en una polémica en los días subsecuentes, el último año de vida de Hendrix. Algunos lo consideraban un atrevimiento, mientras que otros entendieron mejor la intención del guitarrista, quien fue un tanto ambiguo con sus declaraciones (tampoco es como que se anduviera buscando problemas gratuitos).

Que me corrija algún historiador serio, pero esta actuación fue piedra angular para futuras interpretaciones del himno norteamericano en espectáculos masivos.

Los gringos, que están igual de mensos que nosotros, pero con más presupuesto, tomaron la actuación de Hendrix como luz verde para hacer lo que les viniera en gana con la composición patriótica.

De allí que cada maldito artista, cantante, diva o rapero que es invitado a rendir los honores a su patria en el Super Bowl o en la Serie Mundial, hace tanto alarde como sus dotes histriónicos se lo posibilitan, por lo que es sencillo caer muchas veces en los excesos y no pocas en lo ridículo.

Allá los gringos y sus tradiciones. A nosotros, Papá Gobierno y la Secretaría de Gobernación nunca nos han permitido jugar con los símbolos patrios, aunque se supone que son nuestros.

No obstante, el ‘parteaguas’ del Himno Nacional lo estableció en 1988 el Coque Muñiz, con su fallida interpretación antes de una pelea de ‘bax’ de Jorge “Maromero” Páez, pero por supuesto no fue la suya la única ni la más catastrófica actuación. Sin embargo, permanece indeleble en la memoria de la Generación X como la pifia por excelencia cuando de entonar ‘el masiosare’ se trata.

Muchos la han deyectado miserablemente a la hora de cantar las estrofas de nuestro Símbolo Patrio para algún espectáculo, en lo que parecía una oportunidad de oro en sus carreras: buena paga, poco trabajo, exposición masiva. Nota: ‘Nomás no hay que cagarla’. ¿Y qué cree que pasó, lectora querida, lector chimengüenchón? ¡Exacto!

No me interesa recapitular estos casos, pero comentemos el episodio más reciente, acaecido el fin de semana como preámbulo a la pelea de Saúl “Canelo” Álvarez contra el monigote cualesquiera que le hayan conseguido para la ocasión.

Para interpretar el Himno Nacional se invitó a Ángela Aguilar quien, me entero, pertenece a la dinastía artística vernácula de la familia del desaparecido Antonio “Tony” Aguilar.

Los puristas ya la quieren crucificar y le han tirado desmedido ‘hate’ a la chiquilla que, entiendo, apenas tiene 17 años.

No obstante, sí se tomó demasiadas libertades que califican como errores y más si se toma en cuenta que una buena parte de la población mexicana es ultra conservadora con sus símbolos (Bandera, Himno y Virgencita).

Yo vi su actuación (no vi la pelea) y aunque me parece que es bastante entonada, bien encuadrada y con un excelente manejo de su respiración, cedió un poco a la tentación de imitar a las divas gringas que a todo le meten ‘soul’. Pero lo nuestro es más la balada y por esos rumbos parecía Ángela querer llevar a ratos a la partitura de Nunó y Bocanegra, lo que derivó en que disminuyera drásticamente el tempo.

Pero mientras que el himno de EEUU es más bien un poema musicalizado (lo que permite a las cantantes hacer sus exploraciones), el nuestro es eminentemente marcial y bajarle el paso de su marcha es despojarlo de todo su vigor, de toda su vivacidad. Ese fue el mayor desacierto en la versión de la joven Aguilar. Alguien comentó en redes que si la pusieran a cantarlo en la escuela, se desmayaban al menos 15 chamacos. Pero tampoco es como para que se le condene al cadalso por ello.

Además, YouTube tiene diversas funciones para la reproducción de videos. Usted puede controlar la velocidad en que se reproduce y si lo pone a 1.75 le aseguro que se escucha normal.

Esta función la instauró en su plataforma YouTube para que pudiéramos ver las mañaneras de AMLO sin que se nos fuera la vida en ello. Le aseguro que al doble de velocidad, el Presidente también parece -casi- una persona normal.