Otra vez, Feyerabend
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Otra vez, Feyerabend
En “¿Por qué no Platón?”, Feyerabend revisa y critica las ideas de libertad y democracia, y escribe: “Una democracia es una asamblea de hombres maduros y no un rebaño de ovejas que tienen que ser guiadas por un grupo de sabelotodos”. Si bien acepta en general el pensamiento y las definiciones acerca de libertad expuestas por John Stuart Mill en su libro “Sobre la libertad” (1854), él mismo es un magnífico ejemplo de libre pensador cuando afirma que, para ponernos de acuerdo en sociedad, no requerimos de mitos comunes o de cuentos de hadas éticos. No es necesario creer en nuestras propias ideas ni compartirlas con nadie para ponernos de acuerdo con otras personas.
Si ser hipócritas nos ayuda a vivir mejor, pues entonces seamos hipócritas. Así las cosas, Feyerabend escribe algo en apariencia escandaloso: “Una sociedad verdaderamente libre es amoral o, si se quiere, una sociedad ahumana. Protege a sus ciudadanos, les ofrece determinadas ventajas, pero no se ocupa de sus cualidades humanas”. Mi simpatía por esta clase de argumentos o andanadas revolucionarias es constante y honrada: si tú eres racista, misógino, religioso, misántropo o un pervertido, no me importa mientras tus acciones e ideas no rompan el pacto de mínima supervivencia. Si eres misógino, evita llevar tu terrible fobia a la realidad. No me importa lo que pienses, sino tus acciones y si éstas son capaces de causarme daño. Tus concepciones morales no hacen que una sociedad funcione, sino el sencillo hecho de que aceptes y estés dispuesto a vivir en una democracia de seres humanos libres, aunque –y para Feyerabend tal requisito es indispensable– esta democracia no debe fundarse en el mito de la ciencia como realidad única y absoluta, ni en la tecnología llanera, sino en la imaginación y en la invención de ideas y actitudes que mantengan a flote nuestra vida y nuestra curiosidad por el arte y el conocimiento. “¿Por qué no Platón?”, el libro que sugiero leer, merece la paciencia, la reflexión y la apertura de miras pese a que puede en un principio causar repulsión y urticaria intelectual. A mí me abrió más de una puerta a nuevas concepciones de la ciencia, la filosofía, los perros y el mundo común: no hay buen libro que no anime y modifique de alguna forma nuestro pensamiento.