Otra forma del amor

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Otra forma del amor

-El duelo es otras forma del amor, dijo él.

Pareciera obvio, pero para ella, fue una revelación. Así entendió que, para este hombre, no era una obtusa. Y es que había voces que se habían dado a la tarea de compartir sus trances gozosos ante sus propias pérdidas. Incluso ella no vislumbró este escenario, pero todo fue que transcurrieran los días, lejos de trámites y reuniones, cuando, al llegar a su habitación, se instaló en su estómago una sensación de melancolía, como un pez encerrado entre cristales y oscuridad. un de vez en vez asomaba ese pez.

Resuena la voz de este hombre que le devolvió, de cierto modo, el derecho cálido de sentir la pérdida. Fue él quien mientras le cocinaba, compartía con ella un café endulzado con miel lejana y textos sobre las formas del amor. La acercó a los muertos en vida y a los muertos que yacen bajo tierra.

Qué lejos de esa manera cortesana y limitada este amor, pensaba ella. Qué cerca de los fantasmas. Cuánta tibieza ante estas presencias que ahora se integraban.

Él la dejó hablar toda la tarde, la escuchó decirle sobre esa voz que viajaba por el hilo del teléfono, sobre esas manos. Contarle los tropiezos de su mente, es decir, el olvido de esa ausencia que la impulsaba a escribir en un lista, alimentos que él prefería, para comprarlos. Decirle que se detenía antes de anotar, pues recordaba que ya no está.

Y él le compartía más textos donde la idea central era seguir en el abrazo al mundo, en el abrirse, antes de disolverse.

La luz era cálida, como vientre. La sopa de vegetales humeaba en su entrega.

No hubo alimento impuro. Ella devoró todo. No tuvo qué poner la mesa, ni levantar un plato, ni una taza, ni un lágrima dejada.

El duelo es otra forma del amor, repetía ella en su cabeza. ¡Cuánta luz!

Ella salió al jardín, tomó camino.

Estrellas como guías.

El frío de la noche ya no fue hostil.