Osorio: ni ‘filósofo’, ni ‘versero’
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Osorio: ni ‘filósofo’, ni ‘versero’
El técnico Juan Carlos Osorio ha utilizado los primeros entrenamientos con el seleccionado mexicano para marcar territorio. También para distanciarse de sus antecesores y abrir su particular estilo a un universo de jugadores que, por razones obvias, lo miran diferente.
El primer discurso de Osorio ante la prensa nacional, con ese lenguaje simple, argumentado y directo que caracteriza a todo entrenador sudamericano, giró en torno al futbol. Simplemente de lo que vive y sabe.
El colombiano, por la naturaleza de su perfil académico y vocación, pintó su raya para los entendidos: parece estar dispuesto a enriquecer el debate, cambiar la imagen y darle la seriedad que la selección tricolor merece. O sea, lo que debe ser, aunque aquí resulte novedoso. Sin condicionamientos, sin amiguismos ni pautas comerciales que distraigan el objetivo.
Con un ejército de detractores que lo esperan en la sombra, Osorio sabe que está obligado a demostrar desde la retórica, pero principalmente en la práctica, su capacidad de mando y ejecución.
Sabe que, dentro de sus posibilidades y al menos de entrada, tiene que ser lo suficiente quirúrgico para actuar fiel a su criterio y no herir susceptibilidades, sobre todo en cuanto a jugadores “protegidos” por el ambiente popular.
No le ha temblado el pulso para fundamentar la ausencia de Giovani dos Santos. Aclaró que hoy no le es útil ni de delantero ni de media punta. Prefiere a Hernández, Jiménez y Peralta como referencias de ataque, y al “Gullit” Peña o Esquivel como pasadores: “Tienen gol, técnica y están físicamente mejor” que Dos Santos.
También habló de los perfiles y considera que Layún rendirá más como lateral derecho, que a Damm no lo ve para jugar sobre la izquierda, pero que sí Aquino, Vela y Corona pueden asumir un rol protagónico con diagonales de izquierda a derecha. Un análisis que seguramente le llevó horas de video y estudio. El DT ha venido a convencer a un equipo y no a la gente.
Osorio no es un “filósofo” -como lo ha definido el portero Talavera-, ni tampoco un “versero” –como lo sugirió el técnico del Veracruz, Carlos Reinoso-. Es simplemente un metodólogo del futbol que, como todo entrenador, tiene su modelo de equipo y al que se le debe extender el beneficio de la duda. Endiosarlo o crucificarlo apenas con un par de entrenamientos trabajados es, cuando menos, absurdo.
Desde su llegada al Tri, Osorio tiene la difícil misión de concentrar todos sus esfuerzos en tratar de rescatar lo que ha quedado del accidentado proceso de Herrera. En todo caso, debe reconstruir un cuerpo golpeado y fortalecer el alma de un equipo para regresarle su voracidad competitiva, principalmente, en la región.
El colombiano no ha arribado en el mejor momento a un banquillo caliente que mañana ante El Salvador, y el martes en Honduras, por la eliminatoria de la Concacaf, ya le exigirá resultados inmediatos. Si bien es imposible que un seleccionado muestre toda su pureza en el amanecer de un nuevo proyecto, el peor rival de Osorio será el morbo y tendrá que saber soportarlo.
Por lo pronto no se sabe si será el líder de esa reconstrucción que demanda con urgencia el Tri, pero al menos tratará de romper ciertos paradigmas y darle una identidad a un equipo nacional que en los últimos años ha sido víctima de una profunda convulsión.
Por lo tanto y en un futbol mexicano donde no hay cortes ideológicos cada 10 o 15 años, sino a cada rato, ¿por qué Osorio no podría instalar un estilo que perdure en el tiempo? Si se ha probado con tantos, intentarlo con uno más no debería ser tan traumático.