A orillas del camino
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A orillas del camino
Hace unos días llegó a mis manos un libro que está a punto de cumplir 10 años de haberse publicado: “Un pequeño empujón”, de Cass R. Sunstein y del reciente Premio Nobel de Economía, Richard H. Tahler. Este libro persigue, de alguna forma, un objetivo familiar al de Schumacher, aunque en su afán de ser un manual de conducta para tomar decisiones adecuadas abusa de la simplicidad y de la extrema seguridad de su simpatía. Sin embargo, hay algunas propuestas en sus páginas que pueden extenderse a sociedades distintas entre sí (para los autores el mundo de los seres humanos se reduce a Estados Unidos, sus universidades, y Europa). Una de ellas es la de no despreciar la noción y utilidad de los pequeños cambios o estímulos (nudges) en la conducta económica a la hora de tomar decisiones personales y colectivas. Otra virtud del libro es la de pensar que si bien vivimos en sociedades complejas, los asuntos, problemas y soluciones de las finanzas, el crédito en general y la economía tendrían que ser expuestos y explicados de manera sencilla a quienes se verán afectados por la política comercial de los gobiernos y empresas. En pocas palabras: no utilicen el pretexto de la complejidad de la vida social contemporánea para continuar robando a la vieja usanza. Temo decirles, señores, que pese a la sofisticada tecnología que hoy tienen en sus manos, la costumbre de robar y lucrar a costa de la ingenuidad y debilidad de otros continúa manteniendo un aspecto primitivo.
Vuelvo a la novela de Houellebecq: “¡Cuánto amaría estar muerto, pero hay un camino que recorrer y que es necesario recorrer!”. Y conforme el tiempo transcurre, uno se percata de que la afición por los cambios absolutos o las grandes zancadas no hacen, en general, más que acentuar la enfermedad y la agonía, la violencia y la degradación. Hay que saber recorrer el camino que, por desgracia o fortuna, impone el simple hecho de estar vivos. Y si uno lo hace a paso sosegado, o sin dañar ni lastimar a los demás, entonces podrá darse por satisfecho y acaso morir en paz.