Usted está aquí
Organizan 'tours' desde Piedras Negras para ver a sus presos en Saltillo
Su paso por Saltillo es de entrada por salida. Recorren más de 400 kilómetros en un viaje de casi 5 horas, pero en 10 años de visitas no conocen la Catedral de Santiago o el Centro Histórico.
Son madres, hermanas y esposas que arriban desde Monclova, Piedras Negras y Acuña al Centro Penitenciario en un viaje exprés para ver a sus presos.
Fue hace 10 años cuando más de 40 mujeres acordaron contactar a quienes las llevara a su destino en común, tras esperar su turno bajo los rayos del sol en la entrada del Centro Penitenciario de Saltillo para llevar alimentos y artículos de higiene a sus familiares internos.
Reunidas en el municipio en el que radican, comenzaron a contactar empresas que rentaran camionetas y dividirse el costo total del viaje, mucho más barato de lo que podían destinar de sus sueldos en una visita a Saltillo.
Cargan en sus bolsas carne con chile, papas y queso, frijoles y embutidos; postres y un par de tenis, “cuando hay dinero”, que comparten en un periodo de no más de cinco horas que no basta para poner al corriente a sus familiares de la vida que dejaron afuera al ser sentenciados.
PANDEMIA INTERRUMPIÓ VISITAS
Algunas de ellas, tras meses de no acudir debido a la pandemia, con la emoción contenida hasta un paso de la entrada, dejaron ir una lágrima mientras regaban a Dios que les dé paciencia para esperar el día en que a su regreso el asiento de al lado sea de su hijo, formando en su frente la señal de la cruz.
Todas esperan cerca de 40 minutos formadas con el número de su turno grabado en madera y acatando las normas impuestas por la pandemia del coronavirus, con su sana distancia y el uso obligatorio de cubrebocas.
Una de las madres que arriba de Monclova, organizó al grupo de mujeres que abordan una camioneta Van, sin que ella visitara a alguien en el Centro Penitenciario, sino como un favor hacia sus conocidas.
Fue hace dos años cuando además de contactar al resto para organizar su salida de la Capital del Acero, también ocupa un asiento, pues su hijo se encuentra en proceso acusado de dos homicidios, de los cuales de uno ya fue absuelto; una riña de la que todavía no olvida ese día.
“Nunca pensé que un día iba a viajar a lo mismo, me pidieron ayuda porque era la más liosa de la colonia, me apodaron ‘La Güera’ pero de eso nada, es el pelo pintado de amarrillo, nada más.
Haber ayudado a otras me ayudo en mi proceso, porque yo lo único que hice fue organizar el viaje y mandarlas para Saltillo y ahora viajo con ellas”, comentó la madre del joven recluso.
“La Güera” coincidió con otras madres de tener la ilusión de visitar el Centro Histórico, la Catedral o los museos que nada más ven en las imágenes de los trípticos que encuentran en cada viaje en el asiento del camión.