Ochoa, el secretario sin sombra

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Ochoa, el secretario sin sombra

La imagen compungida de Jesús Ochoa Galindo, secretario de Educación, nos recuerda a Bart Simpson en aquel capítulo donde le vende su alma a Millhouse para, tiempo después, recapacitar en la magnitud de tan grave decisión, porque se va dando cuenta de que ha perdido su sombra, la risa, la gracia, que ahora le gruñen sus mascotas y que las puestas automáticas ya no se abren a su paso, y es entonces que Bartolomeus comprende que se ha convertido en un ser vacuo, en un ente insustancial.

Y esa es la imagen tangencial que hoy tenemos de Jesús Ochoa Galindo, un ente que camina por los patios de la Sedu sin proyectar sombra alguna, un prófugo de la luz, un ser que pierde alma mientras la fortuna le sonríe, un secretario de educación catatónico, sin argumento, como el Bart Simpson que ha perdido su alma, un ser insustancial.

Y es que el último escándalo en la Sedu, en el que un maestro sedujo y violó a una niña que cursa la educación secundaria, agarró a don Chuy Ochoa papando moscos en el club Campestre, en donde, ni la luz artificial de las candilejas le hacen proyectar sombra alguna.

El colmo es que ante la trascendencia del escándalo, el secretario Ochoa haya declarado que la relación entre la menor de edad y el pedófilo docente ya venía de tiempo atrás y haya recriminado a los padres de la niña no haberse dado cuenta del abuso. Y lo más aberrante, que Bart Ochoa acepte y comulgue con la infame versión de que la niña está “enamorada” y que por tal motivo “defiende” a su agresor.

En cualquier país democrático y con un respetable Estado de derecho, el abusar de una menor, sea de primaria, secundaria o preparatoria, conlleva penas hasta de 30 años de prisión para cualquier pedófilo docente, así se trate de una profesora.

Y es que en este caso estamos hablando de una de las secundarias más emblemáticas de Saltillo, la “Margarita Maza de Juárez”, de una de las escuelas públicas de mayor prestigio, lo que nos lleva a pensar de las posibles atrocidades que puedan suceder en escuelas de colonias marginales y comunidades alejadas en el medio rural.

Y disculpe usted la burda comparación que este columnista hace entre Jesús Ochoa Galindo y Bart Simpson, pero es que no hemos encontrado un mejor modo de decir que el secretario Ochoa es un ser insustancial, que no proyecta sombra alguna, porque nunca, ningún grupo de intelectuales podrá decir que creció bajo la sombra protectora de este secretario de Educación.

Perder la sombra, por no decir el alma, es una metáfora atenuante para no decir que el señor secretario de Educación nunca ha tenido el espíritu vital que mueve al maestro de vocación, al verdadero educador porque, es cierto, Bart Ochoa es un burócrata que ha medrado a la sombra del poder amasando una fortuna, sin embargo, sigue siendo un indigente intelectual.

Ripio

Don Isidro López Villarreal está tomando impulso, esa fuerza que da el haberse librado de mucho peso muerto, como Armando de la Garza y otros tantos burócratas improvisados que lastraban su administración. Ahora sí podemos decir que tenemos “Chilo”, en el sentido más literal del término.