Obviamente
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Obviamente
1. Mi ex novia terminó conmigo tres días después de mi último cumpleaños. Es una chica maravillosa, pero cuando me sorprendo recordándola (todavía) no vienen canciones a mi cabeza. En cambio, manteníamos una colección de cómics que principalmente yo alimentaba y tras una de esas odiosas reparticiones de bienes post ruptura terminé, obviamente, perdiéndola. Por cierto, la historia favorita de mi ex era Y: The last man.
2. Por mi parte, tengo que admitir que yo lo que más extraño son los números de Scott Pilgrim. Lamentablemente, los tomos que antes podía disfrutar a mi antojo, ahora están fuera de mi alcance. En el caso de Scott Pilgrim, es imposible que no ame a este personaje. Es un hombre emocional y sentimentalmente inmaduro que vive en un mundo mezcla de realidad y fantasía; un geek a la vieja usanza, antes de la era de los smartphones con el que, obviamente, siempre me he sentido identificado. Después de mi cumpleaños era sólo un gusto, no sospechaba que después del verano me sentiría aún más ligado a él.
3. En julio me di la oportunidad de salir de nuevo con alguien: una mujer guapa, inteligente y con mucho mucho estilo; pero con una horda de ex novios detrás. No lo sabía de inicio. Me enteré cuando llevábamos un mes saliendo y ellos (los ex novios malvados, diría Pilgrim) comenzaron a aparecer uno tras otro en el lapso de dos semanas, reclamando (como era de esperarse) su sitio en el historial amoroso, el cual corría el riesgo de ser formateado por mi presencia. Todo se fue al carajo finalmente y me quedé con sólo una canción que un día me dio a conocer: “Meanwhile in Rio” de Jacob Perlmutter. Qué mejor que algo bello y melancólico para contrastar algo tan mal logrado.
4. Ella me encanta; pero no lo suficiente para agarrarme a golpes y llamar su atención... Aunque, ahora que lo pienso, me hubiera ido mejor si me hubiera agarrado a golpes con ellos. Pienso, por otro lado, que también una canción hubiera servido. Creo. En momentos así, me gustaría saber tocar un instrumento, y pienso en todas las canciones que podría haberle dedicado a mujeres a las que he querido. En la película, Scott Pilgrim cantaba “Ramona” con la voz de Beck. En mi caso, si tuviera que elegir, cantaría con la voz de Leonard Cohen.
5. Creo que eligiría “Waiting for the Miracle”, aunque, claro, también podría escoger “I’m Your Man”; pero eso sería algo demasiado obvio y odio las obviedades.
6. Hablando de obviedades… También podría cantar, naturalmente, el clásico de Gilbert O’Sullivan “Alone Again” y celebrar y enorgullecerme de mi recién ganada soledad. Pero, vamos, Sé que otra vez entraré en esa dinámica de salir con alguien de nuevo apenas se presente la oportunidad. Mientras tanto, recuerdo los versos de Emitt Rhodes: “I can’t stop myself from breaking promises I’ve made to myself”. Y canto, obviamente.