Número cero’
Usted está aquí
Número cero’
A los lectores les gustan las novelas con personajes reales, históricos. No pocas veces asoma sólo el dato, el nombre, el chisme, la leyenda. A partir de ello, se construyen novelas, ficciones donde la desinformación termina por engullir al novelista y lector por igual. Este es el caso de la nueva novela con tintes “periodísticos” de Umberto Eco.
El libro, la novela más reciente de Umberto Eco (Alessandria, 1932) no me gustó en lo más mínimo. Se llama “Número Cero”, publicada bajo el sello de editorial Lumen y tiene poco más de 200 mil medidas páginas. Si “chafa” puede ser un adjetivo, su novela es entonces “chafa.”
Su aparición en lengua española, “español” entendido con la jerga, muletillas y “slang” empleado sólo en el país ibérico (gilipollas, cojones, polla, entréis, gustáis, coño, cabreo…) venía presidida de gran fama mundial. Un fiasco.
El narrador y promotor cultural Armando Oviedo, desde la Ciudad de México, me dijo que cuando ésta saliera a la luz pública y la pudiese comprar aquí en tierras bárbaras que es el Norte, la leyese en calidad de urgente. Así lo hice. Ignoro si llegó y ya está en estas tierras de ignorancia cultural bajo la égida de su principal responsable, Ana Sofía García Camil, pero yo lo adquirí junto con otros volúmenes imposibles de comprar aquí, en Guanajuato, en viaje pretérito a esta ciudad colonial. Esta vez la voz y pregón de fuego de recomendación de mi hermano Oviedo se quedó corto.
¿Cuál es el tema de la novela de marras la cual deja mucho a deber? En los años noventa en Milán, Italia, un periodista en el mediodía de su vida, Colonna, cincuenta años, amanuense y redactor en la sombra siempre, acepta la invitación de un editor, un tal Simei, para formar parte de un cuerpo de redacción con miras a publicar un diario, “Domani”, el cual mediante imaginación pura y cotidiana (es decir, suposiciones, trascendidos, chismes de poca monta, esqueletos…) pretende adelantarse a los acontecimientos. Para “calentar brazo”, harán lo que se conoce en el argot como un “Número Cero.” Que en este especial caso, no será un solo número, sino un año de ceros.
Número cero/uno, Número cero/dos… hasta completar un año de la edición de un periódico el cual nunca saldrá.
Hoy, Eco entrega una novela con nombres, fechas, datos de personajes históricos a la par de tramar un argumento donde se conspira, hay agentes secretos, una muerte final, un Estado represor ubicuo y sobre todo, una retahíla y suerte de viejos clichés hacia el periodismo y sus practicantes; clichés no del todo erróneos por lo demás. Pero al final clichés.
Esquina-bajan
Hay de dos sopas en materia literaria: los autores donde la trama y lo que cuentan, donde la historia es lo importante (Henry James, Julio Cortázar, Irving Wallace) y otros, aquellos donde no importa el final, sino el viaje, no la desembocadura, sino el periplo, la decoración conforme se avanza en la lectura (Saul Bellow, Marcel Proust, el mismo Miguel de Cervantes con su torrente sanguíneo de dos hombres memorables, jamás personajes).
Y este es el problema de la novela de Eco, jamás se decide por cuál vía transitar. Así de sencillo.
Un fiasco esta novela donde a vuela pluma y al azar, transcribo lugares comunes del periodismo y literatura: “cuando vives cultivando esperanzas imposibles, ya eres un perdedor. Y cuando te das cuenta, te hundes.” “Los perdedores como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores… el placer de la erudición está reservado
a los perdedores.” “…Lucidi (reportero del diario) está conchabado con los servicios, y el periodismo para él es una tapadera.” “No podemos ocuparnos demasiado de cultura, nuestros lectores no leen libros.”
¿Quiere leer usted algo entretenido? Vuelva a “El todopoderoso” de Irving Wallace, “El cuarto poder” de Jeffrey Archer; y claro, “El reino y el poder” de Gay Talese y “El periodismo canalla” de Tom Wolfe. La “literatura seria” de Eco es descafeinada, aburrida y lo peor, mal escrita.
¿Benito Mussolini y Clara Petacci no eran aquellos que estaban colgados en un farol de plaza donde la furia enardecida los pateó hasta desfigurarlos? ¿Adolf Hitler salvó su pellejo y se vino a vivir a Argentina? Estas suposiciones animan la trama íntima de la novela. Bah.
Letras minúsculas
Dice la canción popular mexicana, “Si Juárez no hubiera muerto, todavía viviría…” Eco, a merced del marketing editorial.