‘Nos preocupa y nos ocupa’
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‘Nos preocupa y nos ocupa’
Siempre será difícil que usted encuentre a un político de este País que declare abiertamente que algún problema no tiene solución. Antes que eso, como buenos prestidigitadores, nuestros políticos se aplican en buscarle peras al olmo, a buscar frases que son un portento de la simulación, como esa salida al desierto de la nada que gustan de repetir ante cualquier problema peliagudo: “nos preocupa y nos ocupa”. Así sucede con el perenne problema del robo en las gasolinas y el gas: “nos preocupa y nos ocupa”, replican de inmediato los adocenados inspectores de la Profeco.
Y es que en este País es urgente que algún gobernante se decida a decirnos la verdad incómoda de los problemas que no tienen solución, para luego no perder el tiempo buscando resultados inasequibles.
Pero resulta que nadie se arriesga, todos le tienen pavor al ya reconocido síndrome de la “reina por un día”, como el acontecido con aquel delegado del Trabajo que, de manera valiente, se atrevió a decir una verdad desnuda, dolorosa, pero al fin una verdad que le costó el cese fulminante, porque hay quien prefiere el eufemismo, la simulación y darle largas a algo que es imposible de resolver y al que los políticos de siempre le seguirán dando largas con mentiras y atole con el dedo.
Umberto Eco decía que hay problemas que deben resolverse demostrando que no tienen solución. De hecho, un político en verdad responsable, honesto y valiente sería aquel que nos dijera qué problemáticas son irresolubles, como el de los litros de menos en las gasolineras, los celulares en los reclusorios, el parasitismo de la CNTE o el gran problema de la corrupción y la impunidad, aunque tal declaratoria sea impopular y deprimente.
Y es que después de don Daniel Cosío Villegas no ha surgido otro intelectual que se atreva a cuestionar la viabilidad de nuestro sistema político, como lo hizo don Daniel al ver cómo los revolucionarios surgidos del pueblo se convertían en “jefes despóticos, ministros voraces, senadores y diputados serviles, gobernadores ladrones y alcaldes arbitrarios”, asunto que lo llevó a consignar lo siguiente: “Si nuestro País no triunfa ni avanza, hemos de creer que una fuerza superior –la mano de Dios o del demonio– traza el camino fatal de los pueblos y de los hombres y que el nuestro es fracasar”.
Lo anterior fue dicho por Cosío en 1923 y lo volvió a repetir en 1947, en pleno alemanismo, asunto por el cual fue marginado, por eso hoy vemos con tristeza a nuestros intelectuales orgánicos aplastando las nalgotas en los actos públicos, sin atreverse a señalar la corrupción, la impunidad y la pobreza moral de la clase política.
Por eso debemos valorar las voces altisonantes de aquellos que son, o se han vuelto, independientes; caso concreto del maestro Sergio Reséndiz Boone, cuyos señalamientos surgen desde afuera del poder, de una situación de no-fuerza, porque no señala desde ningún palacio, ninguna Cámara con fuero o desde el CEN de algún partido político; él critica desde la vulnerabilidad de su domicilio particular.
Y eso es lo que actualmente nos hace mucha falta, políticos e intelectuales que nos digan la verdad desnuda de los asuntos que no tienen solución, porque ya estamos hartos de los simuladores que siguen con la miserable jodedera del “nos preocupa y nos ocupa”, que será la frase favorita de don Jesús Flores Mier en una Fiscalía que servirá para maldita la cosa. Y si no, al tiempo.