No son antivacunas, pero estos padres titubean respecto a la vacuna contra el COVID-19

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No son antivacunas, pero estos padres titubean respecto a la vacuna contra el COVID-19

Julian Boyce, de 14 años, es abrazado por su madre Satrina Boyce, después de recibir su primera dosis de la vacuna COVID-19 de Pfizer-BioNTech en Nueva York el 14 de mayo de 2021. (James Estrin/The New York Times)
En los ensayos, hasta ahora no ha habido problemas graves de seguridad para niños y recientemente la vacuna Pfizer-BioNTech logró en EU la aprobación para niños de 12 a 15 años. Aun así genera muchas preguntas sobre los posibles riesgos

Jessica Grose

El 4 de mayo, Hina Talib, cuyo nombre de usuario en Instagram es @teenhealthdoc, les preguntó a los padres de sus 33 mil seguidores si dudaban en vacunar a sus hijos de 12 a 15 años contra el coronavirus y, en caso afirmativo, por qué. Talib, quien es médica del departamento de medicina adolescente del Hospital Infantil de Montefiore en Nueva York, se sorprendió al recibir 600 mensajes llenos de preguntas e inquietudes.

En la mayoría de los casos, dijo Talib, los padres ya se habían vacunado contra el COVID-19 y la introducción de sus mensajes decía lo siguiente: “No soy antivacunas ni anticubrebocas. Solo estoy preocupado”. Según las encuestas publicadas recientemente, los padres de todo Estados Unidos comparten esas inquietudes, y solo un 30 por ciento afirma que vacunaría a sus hijos de inmediato. Los padres de bebés y niños en edad preescolar expresaron mayor angustia respecto a la vacuna que los padres de adolescentes.

En los ensayos, hasta ahora no ha habido problemas graves de seguridad para los niños, y Lee Savio Beers, presidenta de la Academia Americana de Pediatría, anunció la reciente aprobación del uso de emergencia de la vacuna de Pfizer-BioNTech para niños de 12 a 15 años como “un paso de importancia fundamental para aplicarles a niños y adolescentes vacunas que salvan vidas.”

A pesar de la evidencia de la seguridad de la vacuna, varios padres con los que hablé la semana pasada se mostraron igualmente reticentes a la hora de vacunar a sus hijos. Su escepticismo no estaba relacionado con todas las vacunas; sus hijos solían estar al día con el esquema de vacunación recomendado para su edad. Su temor general se centraba en la novedad de la vacuna y los resultados futuros que se desconocen.

Kimberly Johnson, de 38 años, madre de gemelos en edad escolar en Pound Ridge, Nueva York, me dijo en un mensaje de Facebook: “No soy antivacunas, pero todo esto me parece demasiado apresurado. No quiero que mis hijos respondan a esos anuncios de abogados que verás en la televisión dentro de 25 años. Ya sabes, los que dicen: ‘Si eras menor de 16 años entre 2021 y 2022 y recibiste la vacuna contra el COVID-19 podrías tener derecho a una indemnización...’”.

 

En los adolescentes, la preocupación se centra en la pubertad y fertilidad

En general a los padres de los adolescentes con los que hablé les preocupaba si la vacuna afectaba la pubertad y la futura fertilidad de sus hijos. Saadia Faruqi, de 45 años, autora de libros infantiles en Houston, cuyos hijos tienen 11 y 14 años, señaló que, aunque ella y su esposo se vacunaron, le preocupa cómo podría afectar las hormonas de sus hijos, su fertilidad y sus cuerpos en crecimiento.

Faruqi siente que, si toma la decisión equivocada por sus hijos, “voy a ser una mala madre”, dijo. “No quiero que ninguno de ellos se dé la vuelta cuando sea adulto y me pregunte: ‘¿Por qué lo hiciste?’”.

Talib también ha escuchado estas preocupaciones de los padres de adolescentes, y comentó que, aunque entiende la preocupación, no hay ningún mecanismo biológico que haga que la vacuna contra el COVID-19 sea peor para los adolescentes.

“Las hormonas relacionadas con la pubertad no deberían cambiar la respuesta inmunitaria ni el perfil de efectos secundarios de esta vacuna”, aseveró Talib. En los ensayos, la vacuna de Pfizer-BioNTech fue extremadamente eficaz en los niños de 12 a 15 años y no hubo ningún avance de los contagios entre los niños que recibieron la inoculación.

Akiko Iwasaki, profesora de Inmunobiología de la Facultad de Medicina de Yale, quien escribió un artículo para The New York Times desmintiendo la desinformación sobre la vacuna contra el COVID-19 y la fertilidad, dijo: “Incluso durante los ensayos de la vacuna, algunas de las mujeres quedaron embarazadas sin querer. Ni siquiera hay nada que apoye de manera empírica” una relación entre la infertilidad y la vacuna contra el COVID-19. “Yo misma tengo dos hijas que están en el grupo etario de 12 a 14 años; entiendo el miedo totalmente”, dijo. “Pero en realidad no hay ningún sustento para tenerlo”.

 

En los niños más pequeños, preocupan las alergias y los efectos secundarios

Molly Herman, de 35 años, quien tiene una hija de 2 años y 32 semanas embarazo de su segundo hijo, dijo que está ansiosa por ponerle la vacuna a su hija, aunque eligió vacunarse durante su embarazo. Su hija nunca ha tomado antibióticos y se ha enfermado muy poco, así que “no sé a qué es alérgica”, dijo Herman, quien vive en Medfield, Massachusetts, y trabaja en la enseñanza superior.

A Nicole Frehsee Mazur, de 39 años, que vive en Birmingham, Míchigan, también le preocupaba que sus hijos, de 4 y 6 años, tuvieran una reacción alérgica a la vacuna, porque ella tuvo una respuesta adversa a la inyección de Moderna y los niños tienen alergias. “No me opongo a vacunarlos. Solo me gustaría esperar a que se vacunen más niños”, señaló.

Las vacunas podrían estar disponibles para los niños mayores de 2 años como muy pronto en septiembre, así que estas preocupaciones son teóricas por el momento. Nia Heard-Garris, pediatra e investigadora de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, dijo que comprende las vacilaciones de los padres. “Ese tipo de conversación ha estado presente antes de que tuviéramos una vacuna factible, en especial por parte de grupos que han sido marginados y en los que se ha experimentado. No es un temor descabellado”, aseveró.

No obstante, Heard-Garris dijo que confía en la ciencia y en los datos, y que los temores abstractos sobre los efectos a largo plazo de la vacuna deben sopesarse con las repercusiones del virus en la vida real. En palabras de Beers, “aunque los niños se han enfermado de gravedad en menor proporción que los adultos, esta no es una enfermedad benigna en la infancia. Miles de niños han sido hospitalizados y cientos han fallecido”.

Los médicos con los que hablé se mostraron esperanzados en que, a medida que la vacuna se convierta en una realidad para los niños pequeños y no en una idea, los padres tendrán menos dudas. Instaron a los padres, en especial a aquellos cuyos hijos son alérgicos, a hablar con sus pediatras respecto a la mejor estrategia para ellos. c.2021 The New York Times Company