A Ilsa Lund (Ingrid Bergman) se le hizo fácil, ya estando en el bar de Rick, pedirle a Sam que tocara aquella vieja canción con que les amenizó sus felices días en París.

“¿Cuál?”, preguntó Sam. “¿La de ‘Ahí viene la coloreteada’?”.

“No, Sam. Toca… por los viejos tiempos, ‘As time goes by’”.

Rick Blaine (Humphrey Bogart), que en eso venía entrando, escuchó la melodía y se le dejó ir con todo a su amigo: “Bueno, ¿hablo en chino o qué, cabrón? Ya sabes que esa no porque me pega feo y me entra sed de la peligrosss…”.

Rick no terminó de dar rienda suelta a su disgusto porque se percató de que Sam no estaba solo y es a partir de allí que se desarrolla la trama de uno de los filmes más bellos de la historia del cine, “Casablanca”.

Y así como nuestro protagonista, el héroe con un corazón de oro que “odiaba” a todo el mundo, todos tenemos un tema que toca nuestras más sensibles fibras, uno que atañe directamente a las heridas que no cierran. Y por tema podemos referirnos a la música, pero también a los tópicos que nos lastiman solo de escuchar que alguien los trae a colación.

Para Coahuila y por ende, para sus habitantes, este tema es el moreirato. Sí, ya sé que cómo chingo con esto, pero déjeme que ya le explico: Amén del estrago económico que no será superado en medio siglo, y menos con las decisiones financieras tomadas desde de la adquisición de la megadeuda hasta el día de hoy (renegociaciones chapuceras y alevosas entre gobierno y bancos), tampoco será sencillo superar el oprobio derivado de este pasaje.

Hablamos del episodio más ignominioso en toda la historia del Estado desde su fundación. Doblemente vergonzante porque todos los coahuilenses que se sumaron, respaldaron, apoyaron, encumbraron, se beneficiaron de, solaparon y encubrieron al nefasto Humberto Moreira, lo hicieron por dos posibles razones: Ignorancia, necesidad o ambición corrupta.

–¡Oye, columnista, esas son tres razones!

–¡Bueno, chingado, las que sean! El caso es que todas son de dar pena.

Mire que ser un pueblo tan jodido o tan abyecto, que aplaude la limosna institucional, aunque sea un despropósito que nada tienen que ver con la asistencia social, y pese a que quien la distribuye suele llevarse la mayor tajada, como luego en efecto sucedió, para finalmente colapsar la economía; avalar todo esto es como para enterrar la cabeza en la arena.

Que el moreirato devastó al Estado, sí, en efecto, pero además nos exhibió como un pueblo de ignorantes, jodidos y/o corrompidos. Cualquiera que sea el caso, envilecidos gracias a Moreira & Moreira y Asociados. 

Y de allí que no exista para los coahuilenses asunto más sensible que el relativo a los moreiras. Verlos encarar la justicia -pero mediante instituciones fiables, no la farsa del Poder Judicial del Estado- es menester insalvable para comenzar a lavar el oprobio y un día quizás comenzar a reconstruirnos.

Al Chapatín que un aciago día de 2018 tuvimos a mal elegir Presidente, se le hizo fácil también mencionar públicamente a Rubén Moreira y amenazar con presentar una denuncia en su contra por corrupción, debido a las presuntas mordidotas que habría recibido en su calidad de gobernador panzón, del hoy exonerado director de Altos Hornos, Alonso Ancira.

El presi-lagarto dijo tener elementos para presentar cargos contra Rubén, hoy diputado con licencia en vías de reelegirse por la vía plurinominal, y agregó que lo haría en algún momento de la semana pasada.

Pues ya le dimos de gracia toda la maldita semana y ¿qué cree que hizo? ¡Exacto, nada! Bueno, sí, se hizo pendejo cuando una reportera en Torreón le preguntó al respecto, e inició él una de sus épicas divagaciones que conducen al mismo callejón sin salida a donde está empeñado en meter al País.

Aquí en este espacio, anticipamos que tal denuncia jamás llegaría y quedamos de explicar el por qué. Y dice: 

Como sabemos, la preocupación de AMLO nunca ha sido componer al país o procurar justicia, ni castigar la corrupción, mucho menos erradicarla -acaso quiere que se practique sólo su propia versión de la corrupción-. Su gran objetivo sin embargo es consolidar su régimen y para ello necesita repetir el triunfo apoteósico del 2018.

Pero -¡Oh, Dioj mío!-. Según las encuestas recientes, el parque no le da para esto y es que él mismo se ha encargado de dispendiar su capital político con sus pifias reiteradas.

Ahora que, de cara a la elección, la oposición parece pisarle los talones, ¿cómo contenerla? Pues acalambrando a sus principales dirigentes.

El desarticulado PRI carece hoy de liderazgo nacional y, por increíble que parezca, Rubén Moreira ha llenado esos vacíos de poder con su pesada humanidad. Prueba de ello es que él y su esposa encabezan las listas de pluris.

Así que el camino más corto, lógico y práctico para los electorales fines de AMLO, es recordarle a sus adversarios que los tiene bien pescados de las pelotas: “Sería una lájtima que el PRI saliera muy arriba y tener que celebrarlo desde el reclusorio… yo nomáj digo”.

No le extrañe que de esta manera AMLO haya blindado candidaturas que se le complicaron, como la de Layda Sansores o la de Lady Sectas.

Y lo habría hecho así, aludiendo a esa ola de crimen y corrupción que arrasó con Coahuila; utilizando nuestra causa como su personal petate del muerto. Sólo mencionándola, sin intención de entrarle con una real investigación que nos traiga un poco de paz, justicia y redención. Y claro, sin importarle que para nosotros sea un tema sensibilísimo. ¡… che viejo!

Y a todo esto, Moreira Valdez ni siquiera asomó su guapérrima carita por estos días, porque supongo que él también tiene valses que prefiere que no le toquen.