No hay reportero sin suerte (crónica de Jesús Peña)
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No hay reportero sin suerte (crónica de Jesús Peña)
Dicen que no hay reportero sin suerte o lo que es lo mismo, “el que nace pa’ tamal, del cielo le caen las hojas”.
Aquel mediodía habíamos llegado a Parras para trabajar un reportaje sobre la contaminación que estaban generando las aguas azules de la extinta fábrica La Estrella, en los arroyos del Pueblo Mágico.
Mágico, dice la gente de Parras, porque vive de puro milagro.
En fin, que habíamos hecho un inter para comer en un restaurante del centro.
El cielo estaba azul y el sol radiante y picante.
Cuando salimos del restaurante nos abordó una turba de gente: que un golpe de agua había llegado de repente y arrasado varias casas del poblado.
Corrimos tras la turba y contemplamos absortos las calles anegadas de agua y de barro.
No lo podía creer.
La gente aullaba de susto, de pánico y el ruido de las sirenas de bomberos y patrullas, erizaban la piel y tensaban los nervios.
No se me olvida el estruendo que escuché cuando el cine Estrella, antiguo y tradicional, como los dulces de Parras, se derrumbó.
Nunca mi oído había registrado un sonido como ese, de una construcción de adobe que se desmorona.
Por fortuna en ese momento el inmueble estaba vacío.
Más allá vimos tirado sobre el suelo a un hombre septuagenario que sufrió un infarto al ver su casa devastada por aquel golpe de agua.
Era el primer muerto que veía en mi vida.
Gente y más gente corriendo, aullando de miedo.
Lo extraño, era que en el pueblo no había llovido una sola gota de agua, el sol se había ocultado tras una nube, pero el cielo seguía azul y más o menos despejado.
Ocurrió, supimos luego, que había azotado la sierra una tormenta de Dios y Señor Padre, y el agua se había precipitado impetuosa, furiosa por las montañas hasta el Pueblo Mágico.
Si será caprichosa la naturaleza, al fin mujer, pensé.
Nosotros que habíamos ido a realizar un reportaje para el Semanario sobre la contaminación que generaba la fábrica de mezclilla con sus aguas azules en los arroyos de Parras, tuvimos que cubrir aquella tragedia, imprevista, incierta.
Claro que nos llevamos la primicia, ja.
Le digo que no hay reportero sin suerte o lo que es lo mismo, “el que nace pa’ tamal, del cielo del caen las hojas”.