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Mujeres de cabellos largos e ideas más largas
¿Qué significa que un candidato a gobernador acusado de delitos en contra de mujeres, haya sido depuesto? Los esfuerzos de colectivas, defensoras de derechos humanos, académicas, artistas, madres de familia, ciudadanas y ciudadanos, denostados por armar alboroto, al fin lograron constituirse en una presión tal, que el partido en el poder se vio obligado a hacer funcionar su Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, una que no operó cuando se le designara como candidato por Guerrero.
El caldo a leer en los medios: denuestos e injurias en contra de las colectivas, agrupaciones que fueron las más insistentes; opiniones incapaces de distinguir entre el real movimiento que se generó y los candidatos oportunistas que se “sumaron” en twitter. Plumas pagadas. Y lo que viene. Como cuando el Presidente de México expresara en tono regañón, que la frase “romper el pacto” es conservadurismo. Que viene de otro país, dice. Y pues sí, así como el idioma español, el movimiento sísmico que fuera la Ilustración francesa; el castillo y la edificación -que es justo problematizar por cierto- por donde actualmente se desplaza.
En este contexto de cerrazón, entendemos que la reflexión fuera posible gracias a la sociedad organizada, no al partido mayoritario y menos al Presidente. Es relevante tomarles el pulso a los partidos: el voto útil es algo que mueve, porque las habituales formas de relación, no. La forma de convivencia y protección entre compadres, se extiende hacia las formas de hacer política en México. No es noticia, de hecho, ni causa escándalo que unos protejan a otros o sellen sus labios y cambien de tema. Así lo vimos. La forma más enferma de compadrazgo se importa del ámbito social hacia las estructuras de poder.
Es triste por decir lo menos, que el Presidente de la República y los gobernadores y gobernadoras en general, sean incapaces de tomar una postura ante la violencia de género, no en pronunciamientos mediáticos, sino en una real reestructuración del aparato de impartición de justicia o del sistema educativo, por citar algunos elementos. Hay preguntas por hacerse tomando en cuenta el actual estado de escalada de acoso y violencia en contra de las mujeres.
Además, el silencio de servidores y servidoras públicos, deja ver lo naturalizada que se encuentra la omisión de la justicia en casos como este. Se podría pensar que al gozar una posición de privilegio, lo que ocurra al resto de la población, no importa.
Es desesperante que estar de acuerdo con las peticiones de agrupaciones feministas, implique la lapidación. Que acordar sobre la urgencia de justicia sobre la violencia de género, signifique que se está en contra de otras iniciativas gubernamentales sí atinadas y necesarias. Pero es época de seguidores que no cuestionan, de facciones ciegas. De maquinarias políticas, de personas con rostro de votos.
No, en México no estamos preparados para un Estado que deje afuera el regaño machista. Los líderes guapos o caudillistas, deficientes o impositivos, son incuestionables desde hace más de medio siglo, amparados en una hegemonía de pensamiento patriarcal. Diga usted si no: celebramos actos armados como la Independencia o la revolución mexicana, disfrazamos y armamos a nuestras hijas e hijos, como héroes o heroínas -últimas que aparecen como comparsa, en la mayoría de los casos-; pero cuando el hartazgo actual insta a un grupo de mujeres a rebelarse, son medidas con otra vara.
Viene numerosa la caballada en todos los partidos, y las mujeres ciudadanas sin privilegios, van en el suelo por donde pasan. O eso parece.